Los derivados cannábicos en Alemania

BfArM

El Bundestag alemán acaba de aprobar un proyecto legislativo del Ministerio Federal de Justicia para que los derivados del “cannabis índica” y del "cannabis sativa" puedan ser dispensados con receta médica, a cargo de las Cajas correspondientes, en determinados supuestos de enfermedades graves, dolorosas e incurables. Es condición básica que la terapia previa no haya surtido el efecto deseado. La reforma legal, que entrará en vigor a comienzos del próximo mes de marzo, incluye una detallada supervisión para conocer los resultados del nuevo tratamiento. Los médicos enviarán al Instituto Federal para Medicinas y Productos Medicinales (BfArM) los datos concernientes a los diagnósticos, dosis y secuelas, salvando siempre el anonimato del enfermo.

Hasta ahora sólo de modo excepcional se concedían por dicho Instituto autorizaciones individuales para la obtención de los productos de este particular cáñamo y, por lo general, el paciente había de correr con unos gastos que podían ascender mensualmente a varios centenares de euros.

La reforma legal no levanta la prohibición de cultivar la planta para uso propio, antes al contrario. Se estima que la especialidad farmacéutica garantiza la calidad del producto, a la vez que su obtención con receta médica permite delimitar mejor las conductas sancionables penal o administrativamente.

Habrá que esperar a la aplicación práctica de la nueva regulación para conocer su verdadero alcance. Los debates anteriores a la decisión del Bundestag lamentan la insuficiencia de los estudios disponibles tanto en Alemania como en Estados Unidos y otros países sobre la eficacia de estas sustancias en relación con enfermedades o dolencias concretas. Ahí tenemos un amplio muestrario que va desde las náuseas, el reuma, los dolores espásticos y la inapetencia como secuela de la quimioterapia hasta la esclerosis múltiple y el cáncer.

Parece que el despacho de los repetidos productos se hará preferentemente en forma de pastilla o preparados para su inhalación pero, si se acepta el cigarrillo, el legislador deberá ocuparse también de los fumadores pasivos, sin olvidar, de otro lado, las repercusiones de ese consumo en el tráfico vial, no siempre puesto en peligro por quienes se atienen a las dosis recetadas.

La decisión del Bundestag fue tomada por unanimidad y ha recibido el apoyo de numerosos médicos, juristas, sociólogos y criminalistas favorables a la legalización de la producción, comercio y posesión de las drogas blandas. Y a ello se suma la experiencia de que, pese a todo, la adquisición de los derivados del cannabis índica y del cannabis sativa no presenta hoy dificultad alguna. La batalla, en los términos actuales, está perdida. El tiempo dirá si esta reforma será un paso hacia una legalización mucho más amplia, siguiendo el ejemplo de lo que ocurre con el alcohol.

Sobre el autor de esta publicación