Una efemérides olvidada: el fin de la URSS

Gorbachov

La celebración de la Navidad, con o sin portal de Belén, abeto o Papá Noel, nos hace olvidar que el 25 de diciembre de 1991 se disolvió la URSS, o sea, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la cabeza del entonces llamado bloque comunista. Enfrente estaban los Estados Unidos de América y las democracias de corte occidental. El riesgo de una guerra atómica no ha desaparecido por completo, pero podemos confiar en que una crisis como la de los misiles en Cuba no se repita en el próximo futuro, como tampoco se repitió en los 25 últimos años.

Como el tiempo “fugit”, según suele leerse en los viejos relojes de caja y péndulo, y como su velocidad se acelera progresivamente, es lógico que para las nuevas generaciones, que no conocieron los riesgos de aquel equilibrio inestable entre las dos grandes superpotencias nucleares durante las décadas de la Guerra Fría, el día 25 de diciembre de 1991 no signifique mucho. Lo del nuevo orden mundial es expresión desgastada por el uso, pero el que actualmente disfrutamos, o padecemos, nació en aquella fecha.

Eso no quita para que tengamos nuevos problemas a cuyo nacimiento probablemente se haya contribuido más desde Washington, Perú, Londres, Berlín, Bruselas e incluso Madrid que desde Moscú. Piénsese en las guerras de Afganistán e Irak, así como en el precipitado apoyo a las idealizadas primaveras de Siria, Libia y Egipto. Y menos mal que la egipcia se frustró por la intervención del ejército en última instancia. Sin olvidar tampoco el terrorismo de inspiración islámica, muy relacionado con aquellos conflictos bélicos.

Pero hablábamos del final de la Unión Soviética. Los cambios empezaron con la Perestroika de Gorbachov, partidario de convertir a la URSS en una estado federal que avanzase progresivamente hacia la democracia. Pero con Yeltsin, su sucesor, antiguo amigo y luego enconado adversario, el horizonte cambió bruscamente. Las últimas palabras de Gorbachov fueron: “En este país es difícil, y hasta peligroso, hacer reformas. Este sigue siendo nuestro reto más importante, también si hasta ahora no hemos tenido el éxito que hubiéramos deseado en el camino hacia la libertad”. Esa misma tarde, a las 19,32 horas, dos trabajadores retiraron la bandera roja e izaron sobre la cúpula del palacio presidencial del Kremlin la vieja tricolor blanca, azul y roja. La mayor pesadilla mundial desde que acabó la Segunda Guerra Mundial había terminado. Nunca la Humanidad estuvo tan cerca de un desastre nuclear.

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