La misericordia, la justicia y la octava bienaventuranza

Puede que la justicia y la misericordia no sean conceptos incompatibles sino complementarios, aunque más en términos religiosos que en relación con los delitos y las penas tal y como se estilan por aquí abajo. Los indultos se conceden por razones de interés público o de equidad, corrigiendo en este segundo caso el resultado de la aplicación rigurosa del ordenamiento penal. La misericordia oficial queda para aquellos supuestos en los que la condena es legal pero atenta contra el sentimiento popular de justicia. Dicho de otro modo, se reconsidera una resolución para, si procediera, modificarla en aras de la justicia material. Contradicción, ninguna.

Las anteriores disquisiciones teóricas no son, sin embargo, el objeto de esta columna, sino una simple entradilla para pasar al difícil entendimiento de lo que sea la justicia en la octava bienaventuranza del Sermón de la Montaña: “Bienaventurados los que sufren persecución por la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Y vamos a empezar con una anécdota.

Visitaba yo hace años una prisión en las proximidades de Viena. El centro penitenciario, ubicado en un antiguo palacio de los tiempos de la emperatriz María Teresa, conservaba su bella iglesia barroca. Se diría que por allí no había pasado el tiempo, pero no era exactamente así. En un lateral de la iglesia y escrita con grades letras rojas podía leerse la bienaventuranza en cuestión, algo sorprendente en aquel lugar. Le hice una observación al amable guía y éste me remitió con una displicentemente sonrisa al Sermón de la Montaña. No tuvo, sin embargo, respuesta para lo que a mí realmente me interesaba.

¿Son bienaventurados sólo los que sufren injustamente persecución por la justicia humana? ¿O también los merecedores de la persecución y el castigo? ¿O la bienaventuranza se refería sólo a los jueces y juicios de la época, que serían como una peste ajena a toda idea de justicia? Quizás la bienaventuranza no tenga la misma explicación en un país de la Unión Europea que en las sociedades descritas por la Biblia.

A veces nos olvidamos del contexto y reproducimos un pasaje evangélico sin reparar mucho en el cuándo, el dónde y el cómo. Permítaseme una segunda anécdota. Hubo un tiempo en que Marbella sólo contaba con un juzgado de primera instancia e instrucción. Se había inaugurado su nueva sede y sobre la puerta principal, como una invitación a la holganza, podía leerse “no juzgues y no serás juzgado”. No hacen falta muchos comentarios. Ni justicia ni misericordia. Aquí paz y después gloria.

Pero yo sigo sin aclararme.