Sin despeinarse

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Mariano Rajoy es un personaje singular. A juzgar por las encuestas, siempre habría sido peor valorado que los líderes de otras formaciones políticas e incluso que algún compañero de filas. El Partido Popular gozaría de mayor aceptación entre los españoles que la persona misma de su dirigente. En otros lugares sucede al revés. Así, Frau Merkel cuenta con más apoyos que la Unión Cristianodemócrata Alemana (UCD) que, junto con los cristianodemócratas de Baviera (CSU), gobierna en Alemania dentro de una gran coalición con el partido socialdemócrata (SPD).

Mariano Rajoy suele mantener distancias con quienes le interpelan. Lo suyo es repetir con aplomo las líneas maestras de su política para combatir el paro y superar definitivamente la crisis económica heredada de los tiempos en que gobernaba en España el Partido Socialista Obrero Español. Luego, en otras cuestiones, tiende a utilizar expresiones dialécticas muy próximas al sí pero no y con ecos, a veces, del sistema Ollendorf. Hemos oído, por ejemplo, que las cosas que se le reprochaban eran mentira excepto algunas que serían verdad.

Las aficiones deportivas de Mariano Rajoy son bien conocidas. Practicó el ciclismo y hoy es fácil verle en sus caminatas a paso ligero. Además, nunca falta la alusión a su lectura del “Marca”, con frecuencia mientras fuma plácidamente un cigarro puro. También se recuerda que es Registrador de la Propiedad, condición a la que se accede tras unas muy difíciles pruebas que, valga señalar, no se prestan a las elucubraciones ingeniosas por parte del opositor. Cada uno es muy libre de, atendiendo a esas y otras circunstancias, formarse su particular imagen de Mariano Rajoy, pero hay realidades que nadie puede soslayar.

Mariano Rajoy ha vuelto a ser Presidente del Gobierno de España tras diez meses de serlo únicamente en funciones. No lo tenía fácil. Podemos y el PSOE, por no hablar de algunas formaciones independentistas, vieron en el PP, y sobre todo en su líder, el enemigo a batir, pero han fracasado estrepitosamente en su empeño. Dicen los jesuitas que “al final de la jornada, aquél que se salva sabe, y el que no, no sabe nada”, lo que bien puede aplicarse en esta ocasión al triunfo de Mariano Rajoy. El PSOE tuvo que dar su brazo a torcer, cambiando su NO por una abstención favorable a la investidura de su demonizado rival, mientras que Podemos se ha dejado por el camino buena parte de su ímpetu inicial.

Hay que agradecer a Rajoy, piénsese lo que se piense de su política, que durante estos largos meses ha evitado cualquier tentación de participar en el juego del histrionismo, las injurias al contrario y el “postureo”. Rajoy vuelve a la Presidencia del Gobierno sin haberse despeinado siquiera. Una muy buena cualidad para quien ha de defender seriamente los intereses de España.

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