Sobre el Ayuntamiento de Madrid

ayuntamiento

Desgraciadamente, las noticias más destacadas de la alcaldía de la capital de España suelen ser las ocurrencias de su titular, Manuela Carmena, que poco o nada significan para la vida cotidiana. Por lo general se manifiestan como flor de un día. Mueren sin pena ni gloria, acompañadas de los comentarios irónicos de prensa, radio y televisión. Las madres de los alumnos podrían encargarse de la limpieza de sus colegios, gratis naturalmente. Los vecinos podrían también regar y barrer sus calles. Se imparten ceniceros para guardar las colillas en los bolsillos y parece que, de paso, se participa en no sé qué concurso. Dejémoslo ahí.

Ignoro si el carpetazo unilateral a la operación Chamartín, con sus grandes inversiones y la correlativa creación de puestos de trabajo, tiene algún fundamento sólido, aunque me tema que no y, en cualquier caso diga poco a favor del carácter abierto de nuestra alcaldesa. Y tampoco me atrevo a opinar sobre las incidencias surgidas sobre el futuro del edificio España y las inversiones de un magnate chino en Campamento u otros lugares de la geografía madrileña. En fin, tal vez sea buena la idea de que los madrileños cuenten pronto con una emisora municipal de radio, la M.21, siempre que no se instrumentalice ideológicamente. El tiempo nos dará la respuesta. Y seguro que habrá aciertos más o menos escondidos tras las ocurrencias.

Ya en tono menor me gustaría saber si se piensa adoptar alguna medida para que el obelisco del arquitecto Calatrava en la Plaza de Castilla vuelva a funcionar antes de que su costosa y complicada maquinaria se oxide, si es que aún llegamos a tiempo, o se pedirán explicaciones a quien corresponda. El emblemático monumento funcionaba con dificultades, cuando funcionaba, desde su misma inauguración.

Hay, sin embargo, un asunto muy serio que, aparcado en principio, sigue sobre la mesa. Es el de la gobernanza de los barrios con algo así como delegados o comisarios a dedo, jurados o asambleas populares y toda una administración paralela que podría inmiscuirse en las tareas administrativas propiamente dichas, y, lo que es peor, en los ámbitos policial y judicial. Se proponen, por ejemplo, unos trabajos de mediación sin garantías legales, olvidando que el primer paso de los correspondientes organismos sería el de denunciar los hechos presuntamente delictivos, como previene la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Sobre el autor de esta publicación