La pregunta del millón

Por lo que auguran todas las encuestas, ya no será posible ver en la nueva convocatoria electoral algo así como la segunda vuelta de una misma consulta. Los dos candidatos más votados el 20 de diciembre fueron Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, por este orden, pero ahora parece que serán el mismo Mariano Rajoy y Pablo Iglesias quienes encabezaran las listas más votadas el próximo 26 junio.

La nueva campaña electoral será tan cansina e imprecisa como la anterior. Cada formación política dispone de una fórmula milagrosa para, con mayor o menor rapidez, transformar a España en una Arcadia Feliz, aunque no se entre en detalles ni se eviten las contradicciones de los líderes y de sus paladines según el lugar y el auditorio. La losa de la corrupción, especialmente en lo que atañe a los dos grandes partidos tradicionales, PP y PSOE, sigue y seguirá presente hasta el último día. Y tampoco hemos ganado nada en materia de credibilidad. Las medias verdades, las promesas celestiales y las más groseras mentiras se prodigan a un ritmo progresivamente acelerado.

Pero vamos a la pregunta del millón, decisiva para la formación del futuro gobierno. Todos los españoles deberíamos conocer su respuesta antes de acercarnos o no a las urnas. Y, además, afecta particularmente a quienes se mueven en la órbita ideológica del PSOE. Se trata de los pactos postelectorales. Los líderes de los cuatro grandes partidos nacionales se escabullen con el manido argumento de que ellos salen a ganar. Algo que, sin embargo, es perfectamente compatible con que tampoco haya en esta ocasión ninguna mayoría absoluta. El gobierno sólo puede ser el resultado de unos pactos en los que el PSOE desempeñará un papel esencial.

El PP únicamente podría formar gobierno con el apoyo expreso o tácito del PSOE, mientras que Unidos Podemos habría de contar, por su parte, con el PSOE para llegar al poder. Un acuerdo entre el PP y Ciudadanos no bastaría, como tampoco el de estos últimos con el PSOE. Aquí radica el meollo de la cuestión y el resto sólo tiene relativa importancia. La pregunta dirigida a Pedro Sánchez es muy simple: ¿Pactará, por activa o por pasiva, con el PP o con Unidos Podemos? De la respuesta depende que haya en España un gobierno constitucionalista de coalición, pero no estrictamente de derechas, entre el PP, el PSOE y Ciudadanos, o que triunfe una izquierda en la que, según las encuestas, Unidos Podemos sería el partido dominante.

En el debate de ayer entre Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Alberto Rivera y Pablo Iglesias se pasó de puntillas sobre esta cuestión fundamental. Sólo Pablo Iglesias la abordó breve pero claramente al recordarle a Pedro Sánchez que de él depende la formación del gobierno en un sentido u otro. El líder del PSOE ni recogió el guante ni se dio por aludido.