El día de Cervantes

Fernando del Peso

Nadie, excepto algunos independentistas radicales, se sorprenderá porque un genio de las letras como Cervantes sea homenajeado en su patria, España, donde la lengua castellana es la única oficial de todo el Reino, pero también hay zonas obscuras en las efemérides de los cuatrocientos años desde su fallecimiento.

Bien estuvo la entrega del Premio Cervantes a Fernando del Peso, que lo recibió emocionado. Frente a la desangelada intervención de Juan Goytisolo hace un año, el escritor mejicano nos obsequió con un verdadero canto de amor a sus raíces en esta vieja piel de toro.

Lo mismo puede decirse de las lecturas de fragmentos del Quijote en el madrileño Círculo de Bellas Artes u otros lugares en los que la seriedad es marca de la casa. Lástima, sin embargo, que no todas las celebraciones hayan transcurrido por esos cauces. A veces se acudió a la frivolidad con cargo -¿cómo no?- al dinero público, según sucedió en el Congreso de los Diputados. Algo así como una de esas ridículas adaptaciones del Quijote para niños, sólo que en este caso enriquecida con la colaboración de actores cuyos atuendos de época permitirían captar mejor lo que cualquier lector medianamente culto encuentra sin dificultad en el texto escrito. El Quijote no es una obra de teatro próxima al sainete, sino un libro.

Discutible es igualmente la idea de emparejar a Cervantes con Shakespeare para dar más relevancia al homenaje. Como reza el refrán, cada uno en su casa. Quizá Inglaterra no haya correspondido con muchos elogios a nuestro Príncipe de los Ingenios. Ya se sabe que en la pérfida Albión son muy suyos y suelen dar menos de lo que reciben.

Pero lo más lamentable es que los fastos oficiales no contrarrestan la consentida persecución del castellano en Cataluña, pese a que Barcelona fuera la ciudad preferida del Hidalgo, que no ahorró elogios para con ella y con sus gentes. Pasa el tiempo y el acoso a la lengua castellana no sólo no disminuye, sino que se agrava. Las sentencias del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional son papel mojado. Se multa por rotular comercios sólo en castellano, lo que no ocurre si únicamente se utiliza el catalán. Y claro, el español ha desaparecido de las señalizaciones urbanas o interurbanas. Eso no se arregla, desgraciadamente, con espectáculos de luz y sonido en el resto de España. O sea, mirando para otro lado.

Y ya puestos a pedir, nos gustaría saber cuánto nos hemos gastado este último año en llevar El Quijote a las bibliotecas públicas, cuántas personas han preguntado siquiera por el libro, cuántos ejemplares se han vendido entre todas las librerías del Reino y cuántas ediciones se han hecho para promocionar a precio reducido la que gustamos llamar obra inmortal de Cervantes. De nuestro sistema educativo es preferible olvidarse o recordar el refrán de las peras y el olmo. Esto es lo que hay, muchas alharacas de vez en cuando y poco más.

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