La libertad de expresión en Alemania

Jan Boehmermann

Aunque el concepto de injuria haya de acomodarse a las circunstancias de cada caso y pese a que nuestro ordenamiento punitivo no cuente con un artículo como el § 103 del Código Penal alemán, que tipifica especialmente las injurias contra el jefe de un estado extranjero en determinados supuestos, la verdad es que de injurias se trata y éstas no sólo se castigan con carácter general en España, sino que se agravan cuando el ofendido pertenece a la Casa Real, según dispone el artículo 491 de nuestro Código Penal. Nos interesa por ello la polémica suscitada estos días en Alemania sobre si es o no injuriosa la sorprendente composición poética que, como de su propia cosecha, ha leído en una televisión pública de aquel país el moderador Jan Böhnermann, poniendo de chupa de domine al presidente de Turquía Recep Tayyip Erdoğan:

El texto en cuestión atenta contra el buen gusto de los lectores, pero conviene saber de qué va la cosa. Ahí va la traducción directa del original:
El presidente Erdoğan
es tonto del culo, cobarde y acomplejado.
Su aliento apesta a “döner”
y hasta un pedo de cerdo huele mejor.

Es un hombre que se pone una máscara
para pegar a las jóvenes,
pero lo que más le gusta es follarse a las cabras,
oprimir a los armenios,
patear a los kurdos y maltratar a los cristianos.

E incluso al llegar la noche, en lugar de dormir
prefiere follar con cien ovejas.
El señor Erdoğan es en resumen
un presidente con el rabo pequeño.

Los delitos del § 103 del Código Penal alemán sólo se persiguen si lo acuerda el Gobierno de la República Federal a petición del correspondiente Gobierno extranjero. La señora Merkel se ha encontrado entre la espada de Ankara y la pared de la libertad de expresión, pero finalmente se ha inclinado por confiar al fiscal la apertura de un procedimiento penal en el que los jueces tendrán la última palabra.

Hay quienes temen que se haya traspasado la línea de lo tolerable en la crítica al presidente de un Estado amigo, germanófilo de antiguo y que hoy constituye una pieza esencial para resolver el problema de la masiva llegada de fugitivos a la Unión Europea, pero también hay quienes se rebelan contra cualquier recorte, por pequeño que sea, de la libertad de expresión. Así, los ministros de Asuntos Exteriores y de Justicia en el Gobierno de la señora Merkel, lo que da idea de hasta dónde llega la confrontación.

Me alegra pensar, como español, que el engendro del señor Böhnermann no tendría cabida en ninguna de nuestras cadenas televisivas. Se puede criticar el comportamiento de cualquier dirigente político sin caer por ello en la grosería más absoluta. Aquí no se ofende sólo al presidente Erdoğan. ¿A qué vienen las referencias al “döner” (o sea, al “döner kebab”) o al pedo precisamente de cerdo? Es una lástima que después de los muchos años trascurridos desde la Segunda Guerra Mundial haya quien pretenda ampararse en la libertad de expresión para vender un engendro con el inconfundible tufillo del pasado: uno pueblo dando lecciones a los demás.

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