Los papeles de Panamá

Hoy le ha tocado el turno a los papeles de Panamá en el escándalo nuestro de cada día. Pero esta vez es un escándalo compartido con medio mundo, dicho sea por si no sirve de consuelo. Además, como ya estábamos un poco hartos del atentado de Bruselas, nos permitirá un cambio de tercio que puede dar tanto juego como sea menester. Los tejemanejes de los muy ricos para eludir el pago de los preceptivos impuestos no están al alcance del resto de la población, particularmente si se cobra por nómina. Adelántese, sin embargo, que la ingeniería financiera no es delictiva en sí misma.

Las leyes fiscales tienen sus recovecos y puntos débiles que permiten hacer filigranas a quienes bien los conocen. Es el caso de los grandes bufetes, consultorías, asesorías y demás agrupaciones profesionales con un personal tan competente como especializado. Sus multimillonarios clientes invertirán sus dineros como mejor convenga y se ahorrarán todo lo posible en su relación con Hacienda. Aquí no hay, para el resto de los ciudadanos, nada parecido a los abogados de oficio. De nuevo la igualdad ante la Ley queda lejos de la realidad cotidiana.

Gracias a los paraísos fiscales, la complejidad de los entramados societarios y las cuentas numeradas confidencialmente se logra ocultar, no sólo ante Hacienda, sino también ante la opinión pública, unas fortunas que algunos ricachones prefieren no airear por razones personales, al margen incluso de sus obligaciones fiscales. Lo malo es que quienes tenemos nuestro domicilio fiscal en España debemos informar de ello a la autoridad competente y, de no hacerlo así, nos exponemos a una grave sanción administrativa. Y peor es que aquellas sociedades en paraísos fiscales y las cuentas opacas se utilicen para cometer o encubrir acciones tipificadas penalmente. El muestrario es muy amplio: tráfico de influencias, blanqueo de dinero y otras muy variadas formas de corrupción, incluyendo los delitos de malversación y cohecho en gran escala y todo ese mundo que gira alrededor del cobro de comisiones ilegales.

Pero la cuestión no acaba aquí. El rey Juan Carlos I nos recordó pública y solemnemente que determinadas personas debían evitar las conductas no ejemplares. Aunque se refería a los miembros y al entorno de la Casa Real, sus palabras pueden aplicarse también a muchos de los ilustres personajes que aparecen en los papeles de Panamá. Vaya, pues, nuestro agradecimiento al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y al diario muniqués Süddeutsche Zeitung así como a cuantas otras personas han contribuido a destapar este escándalo. El periodismo le ha ganado por la mano, una vez más a todas las instancias oficiales que debieran prevenir o descubrir estos insolidarios comportamientos en perjuicio del común de los contribuyentes.