Epístola de Pablo (Iglesias) a los socialistas españoles

Iglesias y el Rey

Las epístolas de los primeros tiempos del cristianismo, empezando por las de San Pablo a los corintios o los efesios, no son palabra revelada por Dios, a diferencia de los santos evangelios, pero casi. La veracidad del evangelio es absoluta, pero la de las epístolas no le va a la zaga.

Pues bien, Pablo Iglesias nos obsequió este fin de semana con una epístola a los socialistas españoles, que ha sido mal recibida en numerosos círculos políticos, más allá de sus destinatarios directos, en parte por la forma y en parte por el fondo. El líder de Podemos ha elegido la vía oral, pero eso carece de importancia, puesto que los periódicos se encargaron inmediatamente, como era su obligación, de poner la misiva por escrito y cuidar de su propagación. Así, la publicidad del mensaje de Pablo Iglesias no desmerece de la que las antiguas epístolas obtuvieron hace siglos entre las comunidades cristianas del Asia Menor y regiones adyacentes. La previa información del remitente al Rey no deja de ser, por otra parte, un detalle. San Pablo no tuvo esta atención con los poderes temporales.

Pero es que, entrando ya en el contenido de esta epístola laica, todo el escándalo que ha provocado, particularmente en las filas del PSOE, despide un tufillo farisaico. Hay más de reacción espontánea que de reconocimiento de una dolorosa verdad. Pablo Iglesias ha afirmado que si el líder socialista Pedro Sánchez llega a Presidente, “lo será por una sonrisa del destino que siempre tendrá que agradecer”. Dejando de lado la un poco pedante referencia a la sonrisa del destino, lo del agradecimiento al propio Pablo Iglesias sería una verdad como un puño. O como un templo.

En un gobierno de coalición entre PSOE y Podemos, con escasa diferencia en el número de sus respectivos votantes, el presidente bien podría ser del PSOE y el vicepresidente de Podemos. Y también el número de ministros aportados por cada partido podría ser el mismo. Sin el apoyo de Podemos, la investidura de Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno es, sencillamente, imposible. Además, en estos tiempos de pregonada transparencia, hay que agradecer que desde Podemos se nos haya informado sin rodeos de las condiciones bajo las que se avendrían a dicho pacto, esencial tanto para el proyecto político del PSOE como para el futuro personal de Pedro Sánchez, pero no para Pablo Iglesias y sus gentes.

Tras la renuncia de Rajoy a presentarse como candidato a la investidura, y aunque quiera dejarse la puerta abierta para una segunda oportunidad, el fracaso de Pedro Sánchez en su empeño llevaría casi inevitablemente a una nueva convocatoria de elecciones. Entonces, según los aurispides, el Partido Popular ganaría escaños a la vez que Podemos podría convertirse en el primer partido de la izquierda.

Es una lástima que Pedro Sánchez mantenga su negativa a hablar siquiera con Rajoy. Como ya escribí en otro artículo, los partidos políticos y, sobre todo, el bien de España, están muy por encima de los desencuentros personales de los dirigentes políticos, por no hablar de sus respectivos futuros según el desenlace de esta complicadísima partida a cuatro, seis o más bandas.

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