España está por encima de los nombres propios

Durante la campaña electoral se machacó al ciudadano con la repetición cansina de fórmulas taumatúrgicas que nos garantizarían el progreso en la próxima legislatura. Las contradicciones entre las diversas propuestas y también las internas en cada una de ellas no serían óbice para su efectividad. Y aquí estamos, tratando de conseguir la coexistencia pacífica de varias de ellas para formar gobierno, mientras los dirigentes políticos se curan en salud pregonando que su partido nunca sería el culpable de la ingobernabilidad de España. Una labor en la que todo vale.

Desde el PSOE se nos aseguró en su día que nunca pactarían con Podemos, pero ahora el rechazo se condiciona a que los otros no renuncien a su propósito de que se celebre un referéndum sobre la independencia de Cataluña. Las reglas del juego se cambian sobre la marcha. Hasta cabría que, interesados ambos partidos en el acuerdo para repartirse el poder, la iniciativa de Podemos estuviera pactada de antemano con el complemento de su renuncia tras un aparente forcejeo.

Tampoco es muy clara la posición del PSOE frente al PP, aunque a veces se tiene la impresión de que el distanciamiento no lo es tanto entre ambos partidos, con notables coincidencias en la mayor parte de los problemas básicos de nuestra actual coyuntura histórica, como entre sus respectivos líderes, quienes en su debate televisivo no ahorraron gravísimas descalificaciones personales. En estas circunstancias es natural que se multipliquen las voces a favor de una renovación de ambos liderazgos para calmar las aguas.

Es absolutamente necesario ilusionar al pueblo español con un programa realista y de amplia base para afrontar los principales retos del momento, desde la consolidación de la incipiente mejoría económica hasta la desactivación del independentismo catalán, pasando por una más eficaz lucha contra la corrupción. Alguien ha llegado a proponer la formación de un gobierno del PP, el PSOE y Ciudadanos para gestionar los intereses nacionales durante un determinado plazo bajo la presidencia de un verdadero hombre de Estado. Haberlos, haylos.