Elogio de la fidelidad política

Tierno Galván

Los partidos políticos consolidados, como los grandes equipos de fútbol, tienen en mayor o menor grado una hinchada que nunca les fallará. La preferencia puede transmitirse de padres a hijos con una fidelidad poco común en otras facetas de la vida. Se es de determinada ideología, de un partido y no de otro, como se es del lugar de nacimiento o se pertenece a una familia. La similitud va desde el orgullo por tales circunstancias hasta la disculpa anticipada por cualquier error o descalabro. La ropa sucia se lava en casa y nunca será tan abundante y cochambrosa como la del prójimo.

Aceptado el dogma de que nuestros ideales son los más provechosos para el país, poco importan los avatares periféricos. La corrupción no afecta a las esencias y, además, las lacras compartidas no cuentan a la hora de ganar votantes o perderlos. Hay que separar el grano de la paja, porque una cosa es el mensaje casi intemporal de los nuestros y otra la debilidad humana de sus ejecutores. Alguien escribió que buena parte de nuestros males proviene de que, con frecuencia, las buenas causas son defendidas por gentes que no lo son, y al revés. En este caso, las buenas causas son, naturalmente, las propias.

Esta actitud continuista, acrítica y algo sentimentaloide no desmerece, sin embargo, frente a la de quienes confían en unas promesas mitinescas con escasísimas o nulas garantías de cumplimiento. El Viejo Profesor ya nos advirtió de que las promesas electorales estaban para no ser cumplidas, y la triste realidad así lo corrobora. ¿Por qué creer hoy a quien hizo ayer lo contrario de lo solemnemente prometido? ¿O a quien se equivocó de la cruz a la raya con los resultados de sus fórmulas mágicas pero contrarias al sentido común?

La omnipresencia de los medios de comunicación ha contribuido, de otro lado, a que el contenido real de las ofertas pierda importancia frente a los alardes publicitarios y la imagen de unos políticos dispuestos a casi todo para caer bien al elector. Los ideales deben quedar a salvo de los alardes propagandísticos.

Sobre el autor de esta publicación

José Luis Manzanares

Nació en 1930. Obtuvo Premio Extraordinario en la Licenciatura de Derecho por la Universidad de Valladolid (1952) y en el Doctorado por la Universidad de Zaragoza (1975).

Ingresó en la Carrera Judicial en 1954 y se jubiló como Magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo el año 2000. Es también Abogado del Estado (jubilado) y Profesor Titular de Derecho Penal (jubilado). Fue Vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial entre los años 1990 y 1996. Desde 1997 es Consejero Permanente de Estado.

Amplió estudios en la Universidad Libre de Berlín Occidental y en el Instituto Max Planck de Friburgo.

Ha pronunciado numerosas conferencias en España, Colombia, Cuba, Alemania e Italia.

Ha publicado más de un centenar de trabajos jurídicos, amén de nueve libros, entre ellos dos Comentarios a los Códigos Penales españoles de 1973 y 1995, habiendo participado en otros diez de carácter colectivo. También ha traducido algunos textos jurídicos del alemán, entre los que destaca la última edición (la 4ª) del Lehrbuch des Strafrechts (Parte General) del Profesor Jescheck. Ha llevado durante años la Sección jurisprudencial del Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. La misma labor desarrolló en la Revista “Actualidad Penal”, de la que fue Director durante algunos años, desde su primer número hasta su cierre el año 2003. Es también autor de unos comentarios en 2 Tomos al vigente Código Penal tras su reforma por la Ley Orgánica 5/2010, editados por Comares, Granada. Su último libro, publicado el año 2012 por la editorial La Ley, de Madrid, se ocupa de “La responsabilidad patrimonial por el funcionamiento de la Administración de Justicia”.

Ha colaborado en algunos periódicos nacionales, como ABC, Diario 16, La Razón, El Mundo, El País, La Gaceta de los Negocios, La Clave, Epoca y Expansión, y semanalmente, durante muchos años en Estrella Digital. También en la revista alemana “Juristenzeitung” y otras especializadas de México y Argentina.