La manipulación de la información y del lenguaje

periodicos

Cuenta un viejo chiste de los tiempos de la Guerra Fría que en la final de una carrera automovilística sólo competían un piloto norteamericano y otro de la Unión Soviética. Ganó el primero, pero los periódicos de la URSS, bien dirigidos desde el Ministerio correspondiente, dieron el resultado a su manera para satisfacer el orgullo nacional. Los soviéticos habrían sido los segundos mientras que los yanquis se habrían tenido que contentar con la anteúltima plaza. Como en los ejemplos jesuíticos de restricción mental y otras zarandajas, una verdad al servicio de la mentira.

Los medios privados de comunicación no suelen llegar a tales extremos, pero la manipulación del lenguaje tampoco es una rareza. Con la agravante, además, de no responder a ninguna consigna oficial. Surge más bien de un difuso y espontáneo deseo para fortalecer el ego colectivo en una tarea permanente de comparación con el prójimo, como si quisiéramos superar un complejo de inferioridad que otros países no tienen.

Si ocupamos el décimo puesto en lo que sea, lo normal es que se dé la noticia diciendo que hemos quedado entre los diez primeros. Aunque no se mienta frontalmente, se deja abierta la puerta para entender que quizá nos hayamos situado en el cuarto o el quinto. Incluso cabría, literalmente, que fuéramos los primeros pero no quisiéramos presumir mucho.

Si se dice que la economía española está entre las diez primeras del mundo es porque ocupa exactamente el décimo lugar. Y si una universidad barcelonesa se encuentra entre las ciento cincuenta mejores, puede asegurarse que ocupa el puesto ciento cincuenta.

Otro truco, muy frecuente en el ámbito deportivo, es poner el foco de atención en la modalidad que mejor se nos dé en ese momento, aunque poco pinte en el mundo mundial e incluso poco haya significado en España hasta entonces. En tiempos de Franco nos dio mucho juego el jockey sobre hierba (me parece que el femenino). Ahora habrá que llenar el bache en las carreras automovilísticas, en el tenis, el golf y hasta en la selección nacional de futbol con el descubrimiento de nuevos ases en lo que se tercie.

Otras noticias se manipulan con el silencio. De un día para otro pueden desaparecer las noticias sobre la reconquista de Mosul u otra ciudad conquistada por el Estado Islámico. Primero se nos informa de que el ejército de Irak ya ha ocupado el aeropuerto. Luego, una parte del casco urbano. Luego el casco completo, aunque el enemigo ofrece aún alguna resistencia. Y luego, el silencio. Esto no significa, sin embargo, que los iraquíes hayan liberado toda la ciudad, sino que han tenido que retirarse al no conseguir su objetivo.

Tampoco se nos suele informar de lo que finalmente ocurre cuando se produce un incidente entre embarcaciones españolas y británicas en las aguas que Londres considera suyas en la bahía de Algeciras. Se intercepta a un barco español, generalmente un pesquero. Acude en su ayuda una patrullera de la Guarda Civil. Nos falta el desenlace.

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