El avión eléctrico

El avión eléctrico de Airbus es una prueba de lo que va de ayer a hoy en la aeronáutica. El alemán Lilienthal llegó a recorrer hasta 500 metros planeando desde alguna colina. Murió en 1896 a consecuencia de un accidente. El francés Ader logró un año más tarde que el tercer aeroplano bautizado con su nombre e impulsado por un motor de vapor recorriera 300 metros. Y, ya con un motor de explosión, el norteamericano Orville Wright pilotó el 7 de diciembre de 1903 un avión que en 53 segundos recorrió 270 metros a 3 de altura sobre el suelo. Fueron los comienzos.

Ahora, vencidas todas las distancias y superada con creces la velocidad del sonido, los esfuerzos de los ingenieros aeronáuticos van en otra dirección. La crisis de las energías renovables y la creciente preocupación por la ecología habían de repercutir en una navegación aérea basada hasta ahora, como el tráfico rodado, en los combustibles fósiles.

Un exponente de lo dicho es el avión suizo que está dando la vuelta al mundo, si no la ha completado aún, movido sólo por energía solar. Aprovechada directamente durante el día, es acumulada también para continuar el vuelo durante la noche. De nuevo, un comienzo, pero esta vez con valiosos precedentes. Los paneles solares para obtener electricidad se utilizan desde hace tiempo tanto para una conexión con la red general como para el uso al por menor de viviendas y otros inmuebles.

Por eso sorprende que haya pasado casi desapercibido el avión que pudiéramos llamar eléctrico por su semejanza con los automóviles de igual denominación. Y eso, aunque esté trabajando en el mismo nada menos que la firma internacional Airbus. Para desarrollar el proyecto se creó la filial Voltair en Pau, al suroeste de Francia. Siguiendo los pasos, o los vuelos, de Louis Blériot, que sobrevoló el Canal de la Mancha en 1909, el monoplaza “E-Fan” superó el pasado 10 de julio el trayecto de 70 kilómetros desde la costa francesa hasta Calais. El avión, de elegantes líneas, dispone de un motor eléctrico que alimenta sus dos retropropulsores.

Para finales de 2017 se espera contar con los primeros modelos de dos y cuatro plazas. Los vuelos comerciales, con sesenta u ochenta pasajeros, se retrasarán hasta 2030. Y es posible que haya, como ocurre con los coches, aviones híbridos de motor eléctrico y convencional.