Los primeros tropiezos de Manuela Carmena

La exjueza Manuela Carmena, nueva alcaldesa de Madrid, nos representa a todos sus vecinos sea cual fuere el sentido de nuestro voto. Sus aciertos y errores tienen también una inevitable repercusión nacional e incluso, en algunos casos, más allá de nuestras fronteras. No son razones para negarle la tradicional crítica de guante blanco durante los primeros cien días de mandato, pero sí para concluir que no ha empezado su andadura con buen pie.

Primero, porque no se contribuye mucho a la pretendida regeneración de la vida pública nombrando concejal de Cultura del Ayuntamiento a un tal Guillermo Zapata, especialista en chistes tabernarios sobre las víctimas del holocausto y del terrorismo etarra. Resulta, además, que la alcaldesa quisiera mantenerle en algún otro cargo dentro de su equipo municipal. Todo un desafío al sentido común, una ofensa para la mayoría de los españoles, empezando por los madrileños y un duro golpe para la Marca España, como ha escrito en este mismo diario el embajador Inocencio Arias. El “affaire” del concejal Zapata es un torpedo bajo la línea de flotación de nuestra insignia internacional.

Segundo, porque cualquier intento de comparar a la exjueza Manuela Carmena con Enrique Tierno Galván deviene imposible a la vista del impecable castellano que utilizaba el “Viejo Profesor” frente a la barroca palabrería de la nueva alcaldesa. De la sencilla confesión de que “las promesas electorales están para no cumplirse” hemos pasado a decir que el programa electoral sólo sería un conjunto de sugerencias y que “no todas se podrán entender como presupuestos de implicación programática activa”. Seguramente ha querido decir que no todas las sugerencias pueden cumplirse. Ahora hablamos de una personalidad de la izquierda, pero debe añadirse, en honor a la verdad, que la degradación del castellano no entiende de colores políticos.

Y tercero, porque la propuesta de que las cooperativas de madres se encarguen de la limpieza de los colegios e institutos madrileños es una idea cutre con cierto tufillo a la Rumanía del camarada Ceaușescu. También los vecinos, una vez agrupados en las correspondientes cooperativas, podríamos ocuparnos de limpiar las calles. Y los acompañantes de los enfermos se encargarían de tener el hospital como los chorros del oro. El mundo laboral y los parados han sido los primeros en hacerse preocupantes preguntas, pero lo más grave es que la alcaldesa ha incurrido en un imperdonable “lapsus” machista. Aquí no valen las correcciones de última hora, ni siquiera pidiendo perdón. Uno, o una, dijo sencillamente lo primero que le pasó por la cabeza.

Por no alargar estas líneas se dejará para un próximo artículo el nombramiento de Rita Maestre como portavoz del Ayuntamiento. Esta señora ofendió públicamente los sentimientos religiosos de los católicos españoles cuando invadió con otras feministas radicales la capilla de la Universidad Complutense de Madrid, a pecho descubierto y entonando los cánticos de rigor en estas acciones de provocación premeditada.

Por lo demás, vayan nuestros mejores deseos para que, pese a todo, el nuevo consistorio gestione con acierto los intereses de la capital de España.