Las promesas electorales: dos perlas

manuela carmena

Estas líneas se escribieron durante la jornada de reflexión, pero se publicarán cuando las elecciones autonómicas y municipales hayan quedado atrás. Nada habrán influido en la contienda partidista, de forma que nadie tendrá la menor duda de que se está hablando de dos ocurrencias personalísimas de uno de los candidatos a la alcaldía de Madrid, el profesor Carmona, quien, por lo demás, goza de toda mi consideración y respeto. Una vez conocido el resultado de las urnas, al lector se le ofrecerán innumerables comentarios, muy profundos pero también algo monótonos, sobre nuestro inmediato futuro. Quizá se agradezcan por ello, como contrapunto, estas ligeras observaciones.

Se trata de dos peregrinas propuestas o cuchufletas ajenas a cualquier opción política determinada. El futuro de Madrid pasaría por las naumaquias en el estanque del Retiro y en el lago de la Casa de Campo. Y también por la declaración de Madrid como capital mundial del español o castellano.

El articulista confiesa no compartir tales esperanzas, pues no acaba de imaginarse ni a los madrileños ni a los turistas disfrutando masivamente de esos espectáculos festivos tan celebrados en la antigua Roma. Primero habría que explicar al votante el significado de la palabra naumaquia, lo que no resultaría fácil. Luego habría que acomodar a las multitudes venidas de todos los rincones de Madrid y el resto del orbe. El aforo útil, reducido a las primeras filas de espectadores, no daría para mucho y, de otra parte, las grandes aglomeraciones no le harían ningún bien ni al Retiro ni a la Casa de Campo.

En cuanto a lo de Madrid capital mundial del español, o universal, que suena todavía mejor, tampoco parece lo más indicado para atraer forasteros. Ni siquiera con el aliciente añadido de contemplar alguna vitrina con el cartelito de “posibles restos óseos de D. Miguel de Cervantes”. Pasen, señores, pasen y quizá vean algunos huesos del Príncipe de los Ingenios, el creador del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, por la módica cantidad de diez euros (o veinte). El precio se fijaría conforme a las leyes del mercado, ya que la clientela suele aumentar cuando se abarata el producto.

Me alegra constatar de nuevo que el ingenio celtibérico no encuentra parangón en otros pagos. Si la iniciativa tuviera éxito, otros países podrían seguir nuestro ejemplo. París, capital mundial del francés. Londres, capital mundial del inglés. Lisboa, capital mundial del portugués. Tokio, capital mundial del japonés. Moscú, capital mundial del ruso. Y así sucesivamente. Las polémicas con otras ciudades como Buenos Aires, Ciudad de Méjico, Nueva York o Sao Paolo reforzarían la proyección del invento en muy diversas direcciones.

Veremos qué pasa si Manuela Carmena se alza con la alcaldía de Madrid gracias al apoyo del PSOE.

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