Preguntas pendientes de respuesta

El tiempo pasa y con él la esperanza de recibir respuesta a algunas preguntas que ahí quedan, como si hubieran dejado de interesarnos, lo que no siempre es cierto. También aquí se puede aprender del pasado para evitar la repetición de errores y revisar credibilidades. Vayan unas cuantas a título de ejemplo.

¿Qué hemos ganado los países occidentales con la guerra de Irak? ¿Viven mejor los desgraciados habitantes de aquellas tierras que una vez constituyeron un Estado y hoy, tras nuestra intervención, son un mosaico de facciones enfrentadas con miles de muertos en atentados terroristas? Empezamos con la mentira de las armas de destrucción masiva y allí seguimos, disimulando y un poco de tapadillo para no confesar la derrota.

¿Qué ha sido del flamante ejército del nuevo Irak, armado y entrenado cuidadosamente para salir corriendo a las primeras de cambio? No es preciso preguntar de dónde ha salido el armamento del Califato Islámico, incluido el pesado. Es un regalo nuestro con el ejército irakí como intermediario. Unas veces abandonaron sus armas y otras, probablemente, las vendieron. También nos gustaría saber quiénes compran el petróleo de los territorios que dominan los rebeldes.

¿Qué hemos logrado en Libia con nuestra ayuda a quienes derrocaron y asesinaron a Gadaffi tras un simulacro de juicio? ¿Había en aquel país más crueldad antes que ahora? ¿Mejor convivencia? ¿Han progresado los servicios públicos? La oscuridad informativa no basta para ocultar la triste realidad del regreso a un régimen tribal apenas superado en Trípoli y Bengasi como polos rivales de una hipotética soberanía.

¿Y Egipto? ¿Valían la pena tantas convulsiones contra nuestro viejo amigo el presidente Mubarak para terminar de nuevo con el ejército en el poder porque ganaron democráticamente los hermanos musulmanes?

Pero acerquémonos a España. ¿Siguen en el fondo de la bahía de Algeciras, cerca de La Línea, los bloques de cemento que las autoridades gibraltareñas arrojaron allí para, según decían, proteger la fauna marina en sus aguas territoriales? El ministro presidente, o alcalde o lo que sea, del Peñón replicó a las protestas de nuestro ministro de Asuntos Exteriores asegurando que antes se enfriaría el infierno que se retirarían los bloques. Después, tras nuestra ecológica protesta a la Unión Europea, se hizo el silencio. Parece, sin embargo, que las autoridades competentes no sólo han eludido la cuestión de la soberanía, como era de esperar, porque a ellos únicamente les interesan la infracción y sus autores, sino que han desestimado la denuncia. Nos gustaría que algún portavoz del Ministerio nos lo confirmara o desmintiera.

Y, ya dentro de España, quizá otro responsable, esta vez del Ministerio del Interior, nos explique cómo somos incapaces de construir en Melilla un valladar, una cerca, una barrera, una pared, una tapia o, si es necesario, un muro realmente inexpugnable. Sería la mejor medida disuasoria para esta tercermundista inmigración ilegal en estado puro. Se acabaría, de paso, con las vergonzosas escenas de quienes resisten en lo alto durante horas mientras que, a veces, algún guardia civil les agarra por una pierna. El espectáculo no se compadece ni con la dignidad de las personas, de todas las personas, ni con una marca España que ensancha el Canal de Panamá y lleva el Ave a las arenas de Arabia Saudí.

Seguiremos preguntando.