Un descrédito ganado a pulso

Nos dijeron que la crisis económica nunca llegaría a España. Teníamos el mejor sistema financiero del mundo. Pero seguimos con unos veinticinco millones de parados, una juventud que busca trabajo en el extranjero, y unos mayores de cuarenta y cinco o cincuenta años ya fuera del mercado laboral de por vida.

Nos engañaron con la promesa de bajar los impuestos. Los subieron. Se exculparon diciendo que ignoraban la gravedad de la situación. Podían haber sido más cautos, pero lo importante eran las urnas.

Nos tomaron el pelo con la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial para despolitizar al Consejo General. Hicieron lo contrario. Hoy, la intervención política en la composición del órgano de gobierno de los jueces es mayor que nunca. Allí se deciden los nombramientos de magistrados del Tribunal Supremo y de otros cargos de la Administración de Justicia. Un paso atrás en la división de Poderes.

Nos anunciaron una nueva Ley del Aborto (dicho en castellano), pero aún la estamos esperando. Cuestión distinta es que la vigente cuente o no con gran respaldo social. Aquí sólo se trata de la palabra dada y de la confianza de los votantes en el programa que se les ofrece.

Nos aseguraron que nadie sabía nada sobre la trama “Gürtel”. Era mentira. Aquí ya no hay presunción de inocencia. Unos robaron y otros lo permitieron por intereses partidistas o en beneficio propio.

Nos dijeron que el saqueo de los EREs y fondos para cursos de formación en Andalucía eran cosa de cuatro gatos. Desgraciadamente, ya vamos por varios centenares o miles de felinos y un botín multimillonario en euros. Como de costumbre, los de arriba ni sabían ni sospechaban nada. Lástima que, además, el pillaje se extendiera a fondos de la Unión Europea, lo que no contribuirá mucho al prestigio de la marca España.

Nos juraron y perjuraron -un poco tardíamente, eso sí- que Bárcenas era una oveja negra dentro de un rebaño blanco. Hoy tenemos nuestras dudas. Seguimos sin saber el origen y la verdadera titularidad dominical de los dineros guardados en Suiza. Claro que, siguiendo el lema de la orden inglesa de la Jarretera: “Honi soit qui mal y pense”.

Enriquecieron a sus paniaguados colocándolos en las Cajas de Ahorro, hasta que las hundieron. Años después los responsables del espolio que nos costó decenas de miles de millones de euros continúan en libertad. Falsearon cuentas, engañaron a los inversores y se lo llevaron crudo. Menos mal que la justicia es igual para todos.

Ahora nos enteramos de que muy probablemente la estafa se prolongó por la salida a bolsa de las acciones de Bankia con la bendición del Banco de España, la Caja Nacional del Mercado de Valores y alguna auditoría. De nuevo, el pestazo de la corrupción compartida por activa o por pasiva.

Las urnas al servicio del separatismo no se pondrían en Barcelona, pero se pusieron. Tras muchos titubeos, el fiscal se querelló por los posibles delitos de malversación, prevaricación, desobediencia y alguno más. Y hasta la fecha. Las cosas de palacio van despacio, sobre todo cuando los asuntos se politizan. Calma, pues, y demos tiempo al tiempo.

Las sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional siguen siendo papel mojado en aquella Comunidad. Los franquistas acuñaron el slogan “¡Habla la lengua del Imperio!”, o sea, el castellano. Pero dicen que lo contrario de una bofetada en la mejilla derecha no es una bofetada en la izquierda.

Lo peor es, pese a todo, que todavía hay destacados políticos que niegan la evidencia y se sienten injustamente valorados por la opinión pública. Sólo habría fallado la comunicación con el pueblo soberano. Bastará con gastarse algunos euros del contribuyente en prensa y propaganda.

Y en esto llegó Podemos hablando de la “casta” y prometiendo un futuro mejor. Como ocurrió con Chávez en Venezuela y por unas razones parecidas: la corrupción y el descrédito de quienes entonces gobernaban el país.

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