Teatro nacional

Fragmento de una escena del primer acto entre un político y un posible votante en la versión actualizada de “El flautista de Hamelin”, adaptada también para el público español.

Político:

En el futuro, los españoles no vendrán al mundo con un pan bajo el brazo, sino con una generosa asignación mensual que les permita costearse sus gastos durante toda la vida. Está en nuestro programa.

Ciudadano:

¿Todos los gastos o sólo comida, bebida, vestimenta, alojamiento, deportes, sanidad y calefacción?

Político:

He dicho todos los gastos y usted ya me entiende. Estamos en horario infantil. Cada cosa a su debido tiempo.

Ciudadano:

¿Y habrá trabajo?

Político:

Únicamente para quien se empeñe y siempre que no supere las veinte horas semanales, de lunes a viernes. Tres meses de vacaciones y cien días de permiso a gusto del empleado o trabajador.

Ciudadano:

¿Y qué me dice del aborto gratuito?

Político:

Pues le digo que no debe usted hablar de aborto, que es palabra muy fea, sino de interrupción voluntaria del embarazo por indicación de la medicina social. Lo mantendremos y ya veremos si hasta podemos ampliarlo, aunque por ahora, no se nos ocurre cómo hacerlo.

Ciudadano:

¿Y qué pasará con las hipotecas, la deuda pública y las deudas privadas?

Político:

Muy sencillo. No se pagan y en paz.

Ciudadano:

¿Y qué ocurriría con los servicios públicos, especialmente con los sanitarios y los sociales?

Político:

Pues que funcionarían mejor que nunca gracias precisamente a los desvelos y esfuerzos de los nuevos dirigentes políticos. Somos gente honesta, inteligente y bien preparada para solucionar los problemas en beneficio exclusivo del pueblo.

Ciudadano:

Si, le entiendo, pero ¿de dónde saldrá el dinero? Dicen que los capitalistas extranjeros ni dan ni prestan sin garantías. Los más viejos del lugar aseguran también que el gato escaldado del agua caliente huye.

Político:

Le felicito porque es una pregunta interesante sobre un tema que hasta ahora no nos habíamos planteado, pero ya se nos ocurrirá la respuesta adecuada.

Ciudadano:

Eso me tranquiliza pero ¿podría adelantarme algo?

Político:

Pues sí. Quizá bastase con darle a nuestro movimiento político un leve giro religioso. Podríamos pregonar la existencia de un dios omnipotente y misericordioso.

Ciudadano:

¿Y después?

Político:

Pues Dios proveerá, como hace con los pajarillos y los lirios del campo. ¿Satisfecho?

Ciudadano:

Muchas gracias por la información. No hay quien les coja a ustedes en un renuncio. Ha sido un placer. Cuente conmigo y con mi voto.

PD. Adolfo Hitler terminaba siempre sus discursos invocando al Dios Todopoderoso, aunque, por fortuna, el invocado no le hiciera caso.