Allegro ma non troppo

España se sentará de nuevo durante dos años en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La vez anterior fue en 2003 y 2004, cuando aún no se habían apagado del todo los ecos de la Exposición de Sevilla y de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Todavía estábamos en época de vacas gordas y nadie pensaba en los graves problemas que hoy sufrimos, desde las enormes cifras del paro a una corrupción galopante, pasando por el desvarío catalán.

La obtención de un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU poco significa frente a esos retos en los que España se juega su futuro. Bien está, naturalmente, que nos alegremos con la noticia y justo es que felicitemos al Gobierno y en especial al Ministerio de Asuntos Exteriores por el resultado obtenido. Han sido muchos sus esfuerzos buscando apoyos a lo largo y ancho del universo mundo.

Conviene, sin embargo, no perder el sentido de la proporción y caer en el ridículo. De ahí el título de estas líneas: allegro ma non troppo. Debemos alegrarnos pero sin aspavientos. El haber vencido a Turquía, aunque quedando por detrás de Nueva Zelanda, tampoco ha sido como poner una pica en Flandes. La lista de nuestros compañeros de club sería fácilmente mejorable.

Ninguno de ellos puede compararse a España en términos democráticos y culturales, excepto tal vez, y con reservas, Nueva Zelanda, Lituania y Chile. Los restantes colegas son Angola, Venezuela, Malasia, Nigeria, Jordania y Chad. Esta última República es un Estado en fase de descomposición. Sólo el ejército francés, el de la antigua potencia colonial, garantiza una mínima convivencia pacífica. Y nuestra corrupción queda en nada frente a la que se estila en Venezuela y Nigeria, por ejemplo.

Los “méritos” que abren la puerta del Consejo de Seguridad pueden ser muy variados y a veces completamente desconocidos. Los nuestros, aparte de los viajes para recabar votos, serían sobre todo la importante participación, incluso con envío de tropas, en empresas planificadas por la propia ONU, y también para algunos despistados las innumerables bondades de la marca España: el Cid Campeador, el descubrimiento de América, Cervantes, El Greco, Picasso y el Real Madrid entre otros. Como puede verse, méritos que no podrían presentar, ni de lejos, los demás miembros no permanentes del Consejo.

Los factores decisivos son siempre los intereses de las grandes potencias y la diplomacia de toda la vida. Lo de los vuelos especiales para vender el producto, con nombres ilustres y nutridos séquitos, entra más bien en el capítulo de una publicidad a la que son inmunes quienes de verdad conocen el mercado. Y, claro, Estados Unidos, Rusia, China, el Reino Unido y Francia tienen derecho a veto.