La reforma de la Constitución

Se pueden mantener opiniones muy distintas sobre los defectos de nuestra Constitución, pero el más grave pudiera ser el de su excesivo blindaje frente a cualquier cambio. Como si también ahora se hubiera querido dejar todo atado y bien atado, según se decía durante el franquismo.

Así lo atestigua el complicadísimo procedimiento de reforma previsto en el artículo 168 para la revisión total de la Constitución o una parcial que afectase al Título preliminar, al Capítulo segundo, Sección primera del Título I, dedicado a los derechos fundamentales y libertades públicas, o al Título II, referido a la Corona. En tales supuestos se requiere la aprobación por mayoría de dos tercios en cada cámara, la disolución inmediata de las Cortes, la ratificación por igual mayoría en las nuevas cámaras y, finalmente, el sometimiento a referéndum.

El artículo 167 recoge para los restantes casos un procedimiento, bastante más sencillo, en el que las mayorías pueden no exceder de tres quintos y, lo que es más importante, no hay disolución de las Cortes y el referéndum sólo se convoca cuando lo solicite una décima parte de los miembros de cualquiera de las cámaras.

Visto el complicado procedimiento del artículo 168 desde la perspectiva de una población donde son mayoría, por razones de edad, quienes no votaron la Constitución ni aceptan hoy los condicionamientos que aquélla tuvo para llegar a la democracia desde un régimen franquista, convendría preguntarse si la reforma constitucional no debería empezar, precisamente, por la de los trámites para su reforma. Podría servir de referencia el procedimiento recogido actualmente en el artículo 167.

Repárese, además, en que el Título X, curiosamente el de la reforma constitucional, bajo el que se ubican esos artículos 167 y 168, no aparece en la enumeración de este último precepto, por lo que sería defendible emprender la reforma de la reforma por la vía del artículo 167. Sin olvidar que, incluso si se considerara insoslayable la aplicación del artículo 168, la reforma de la reforma por una u otra vía habría de ser el primer paso en el cambio constitucional, facilitando así los posteriores que se considerasen oportunos.

Lo peor que puede ocurrirle a una Constitución, y nuestra historia así nos lo enseña, es que el traje se vaya quedando estrecho hasta que saltan las costuras en el peor momento. Son muchos los españoles que hoy cuestionan el modelo territorial y la forma del Estado, yendo así bastante más lejos de quienes sólo se preocupan de los derechos hereditarios a la Corona, la remodelación del Senado o la inclusión del nombre de las Comunidades Autónomas en la Constitución.

6 comentarios
  1. Gozaimasu says:

    ¿El atentado ” islamista ” de Paris es ” falsa bandera” y el 11M no?

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