La abdicación del rey Juan Carlos I

La abdicación es una decisión personal, pero hay que distinguir entre la abdicación propiamente dicha y la manifestación de la voluntad de hacerlo. A la Ley Orgánica prevista en el artículo 57.3 de la Constitución le corresponde regular los trámites que han de seguirse en ambos supuestos y las consecuencias mismas de la abdicación, empezando por el estatuto de quien ha dejado de ser Rey, e incluyendo, en su caso, la prórroga total o parcial de los privilegios del artículo 56, sólo referidos en principio a la inviolabilidad e irresponsabilidad de Monarca.

El legislador ha desoído tozudamente desde 1979 el mandato constitucional y ahora se ha visto obligado a llenar deprisa y corriendo una mínima parte de aquel lamentable vacío. La Ley Orgánica de Abdicación, con un solo artículo, llega tarde y deja sin resolver el problema de los privilegios. Tanta ha sido la precipitación que los españoles responderían de muy diversas maneras si les preguntase por el momento exacto en que deja, o dejó, de ser rey Juan Carlos I y aquel en que comienza el reinado de Felipe VI.

Lo peor es, sin embargo, que aún ignoramos algunos de los efectos de la abdicación, cosa que, por no perder la costumbre, queda para mañana. No dice mucho a favor de la Marca España que en treinta y tantos años no hayamos sido capaces de hacer nuestros deberes en una cuestión de tamaña importancia. Continúa en el telar la posible prórroga de la inviolabilidad e irresponsabilidad del abdicatario, que no tienen que ser exactamente las mismas que disfrutó durante su reinado, así como un posible aforamiento. Tampoco es lógico que la reina Sofía, al igual que el príncipe de Asturias y la princesa Letizia, nunca hayan tenido alguno de esos fueros que disfrutan miles de españoles.

Y tenía razón Rajoy al destacar durante la sesión parlamentaria sobre esta Ley Orgánica que ahora no se trataba de debatir la alternativa entre Monarquía y República, sino de desarrollar la vigente Constitución del Reino de España. Algo así -perdónese la expresión- como aprobar un reglamento a partir de la ley vigente. Bueno es que el PSOE haya optado por la fidelidad constitucional con independencia de las ideas republicanas de muchos de sus miembros. No lo ha sido tanto, por el contrario, el comportamiento de quienes han aprovechado el paso del Pisuerga por Valladolid para abrir un debate que, efectivamente, no tocaba.