¿Será la justicia un cachondeo?

Debe reconocerse que nuestra justicia es frecuentemente lenta o lentísima. Como que sus resoluciones son a veces disparatadas desde la perspectiva del hombre de la calle, aunque al menos parte de la explicación se encuentre en las leyes que nos hemos dado. O que se muestra absolutamente incapaz de hacer frente a los escándalos de una corrupción con metástasis a todos los niveles, sociales, políticos, empresariales y sindicales. Todo eso es cierto, pero lo que hasta ahora me había negado a admitir es que la justicia española, particularmente la penal, fuera un cachondeo, como afirmó el líder andalucista Pacheco cuando era alcalde de Jerez de la Frontera. Hoy, sin embargo, no lo tengo tan claro.

Me refiero a la defensa de la Infanta Cristina en el asunto Nóos, donde su esposo, Iñaki Urdangarin, juega un papel destacado como icono de la corrupción a escala, si no planetaria, nacional; y también a la argumentación ofrecida sólo hace unos días al Tribunal Supremo, pidiendo la absolución o una significativa rebaja de pena para la cantante Isabel Pantoja, condenada en la Audiencia de Málaga por el saqueo de las finanzas marbellíes junto a Julián Muñoz, entonces su pareja y regidor municipal.

Me preocupa el hecho de que dos primeras espadas en la materia hayan construido sus respectivas defensas sobre el amor de una y otra cliente (o clienta) hacia los pérfidos varones en los que confiaban como cándidas palomas. Podría entenderse como prueba de que en opinión de ambos abogados tales alegatos podían ser acogidos en nuestros tribunales.

El amor es tema recurrente entre los escritores de todo tiempo y lugar. En “Los cómplices” de Goethe, nos dice Sophie que “el amor es sobre todo confianza en el otro”. En “Romeo y Julieta” de Shakespeare, asegura Benvolio que “el amor es ciego”, frase muy extendida en el habla popular. Y Nietsche, en su “Más allá del bien y del mal” proclama precisamente que “el amor está por encima del bien y del mal”. Pero -¿qué le vamos a hacer?- los legisladores son un poco reacios a las frases ingeniosas y bonitas. Quiere decirse que los Códigos Penales, empezando por el español, son otra cosa. O lo han venido siendo hasta ahora. Los mejores argumentos en una tertulia no lo son necesariamente en el foro.