Un manantial que no cesa

No parece razonable que nuestro ministro de Asuntos Exteriores se haya convertido también, de hecho, en ministro de Asuntos Catalanes y Vascos, al menos por lo que atañe a la posible independencia de ambas comunidades. Una cosa es que como miembro del Gobierno haga de vez en cuando alguna declaración sobre tales problemas y otra muy distinta que asuma un destacado protagonismo en cuestiones más próximas a otros Departamentos, empezando por el de Interior, puesto que Cataluña y el País Vasco son parte de España.

Ahora tampoco ha podido vencer la tentación de responder de inmediato, nada menos que desde Uzbekistán, al llamamiento del lendakari Urkullu, durante la celebración del Aberri Eguna, a favor de una nueva relación entre España y Euskadi. Las intervenciones de García-Margallo son tan rápidas que llevan el sello de la espontaneidad, como si no hubiera materias en las que las improvisaciones son particularmente peligrosas. Las declaraciones de titular de Asuntos Exteriores en cuestiones absolutamente ajenas a su Ministerio recuerdan al bíblico manantial que no cesa y desfiguran la acción coordinada del Gobierno.

Hablar mucho tiene sus inconvenientes, y hablar demasiado los tiene aún mayores, sobre todo si lo dicho merece los honores de un titular y se conserva en las hemerotecas. Recuerdo el último episodio en el contencioso de Gibraltar, esta vez a caballo entre nuestras políticas exterior e interior. Me refiero a los bloques de cemento lanzados por los gibraltareños, con el respaldo del Reino Unido, en aguas próximas al Peñón pero que nosotros consideramos nuestras. La locuacidad de nuestro ministro fue tan excesiva como poco afortunada para nuestros intereses.

García-Margallo no es culpable de que los bloques sigan en el fondo de la bahía, pero sí de haber servido en bandeja al primer ministro de Gibraltar la oportunidad de lucirse con una frase memorable: “Antes se enfriará el infierno que retiraremos los bloques”. El error consistió en que desde este lado de la verja se nos hizo creer que el problema se solucionaría respondiendo con un control más rígido en los accesos del Peñón. Y para completar la ceremonia de la confusión -el sí pero no- se afirmaba simultáneamente que nos limitábamos a cumplir con nuestras obligaciones comunitarias para combatir los tráficos ilícitos. Nos podíamos haber ahorrado ese partido. Hoy lo único cierto es que Fabián Picardo va ganando por goleada.

Se aconseja contar hasta diez antes de hablar cuando no corre prisa. Y quizás los diplomáticos deban contar hasta veinte, treinta o cien, según las circunstancias. Hay quien dice además que cada uno es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. O que por la boca muere el pez. Resumiendo, nada como la reflexión y la prudencia. También en las altas esferas del Poder.