Las tribulaciones de Esperanza Aguirre

Sobre cualquier cosa, por insignificante que parezca, se puede escribir una tesis doctoral. Es cuestión de método. Sobre el tapón, por ejemplo, se estudiarán su etimología, concepto, clasificación por destino y material utilizado, relevancia en la pintura, con especial consideración de los bodegones, uso industrial, y así sucesivamente. También vale cualquier producto de la naturaleza para que un buen alquimista obtenga la piedra filosofal, o sea, oro. Y algo similar ocurre con la explotación de una noticia insignificante en sí misma. El incidente de la Presidenta del PP en Madrid, Esperanza Aguirre, con unos agentes de movilidad por ocupación indebida de un carril bus en la capital de España, plantea una serie de problemas de gran interés en los ámbitos del derecho administrativo sancionador y del derecho penal.

El multado, o la multada, suele protestar un poco pero se va con la multa puesta y asunto terminado. Esta vez, sin embargo, serán los magistrados quienes dirán la última palabra tras el agotamiento, es de suponer, de todos los recursos imaginables, sin excluir la solicitud de amparo ante el Tribunal Constitucional. Son muchas las preguntas con cuyas respuestas habrá mayor seguridad jurídica para los conductores, los agentes de la autoridad y quienes, aun careciendo de tal condición, desempeñan funciones muy similares.

Esperanza Aguirre dejó su automóvil, de proporciones más que regulares, en el carril bus para sacar dinero de un cajero automático, y los agentes de movilidad le impusieron una multa. Hasta ahí, todo muy normalito, pero lo bueno, lo jurídicamente interesante, vino a continuación. ¿Se prolongó la escena más de lo debido con el consiguiente efecto llamada para los muchos peatones en tan céntrico lugar? ¿De quién habría sido la culpa? ¿Se debió quizás a un exceso de celo de los agentes o a la reacción de la infractora? ¿Hubo un delito de desobediencia cuando la conductora arrancó su vehículo sabiendo que ya estaba perfectamente identificada, dirigiéndose a su casa pese a las advertencias de algún coche policial para que se detuviera?

Y seguimos. ¿Se puede detener a alguien, aunque sea por muy poco tiempo, antes de cometer un delito? ¿Los agentes de movilidad son agentes de la autoridad a estos efectos? El Tribunal Constitucional ha declarado que cuando no existe delito sólo cabe la retención o traslado a la comisaría por el tiempo necesario para la identificación de esa persona. ¿Hay un delito de desobediencia si la orden no se ajusta a derecho? ¿Se intentó atropellar a los agentes? ¿Cabe el atentado por imprudencia? ¿Habría cometido Esperanza Aguirre una falta penal de lesiones si el agente necesitó, según se afirma, asistencia facultativa por sufrir un ataque de ansiedad? ¿Y qué ocurrirá con los daños sufridos por una motocicleta? ¿Será un rasguño o habrá que arreglar la chapa y pintar de nuevo todo el vehículo?

En este sainete político-viario-capitalino destaca por méritos propios esa nota deliciosamente cómica: un agente que practica el kárate por si acaso pero que se derrumba psíquicamente al poner una multa, sin que nadie le toque ni siquiera le insulte. ¿Hay quien dé más por menos?