Nuevas tribulaciones de la Marca España

La Marca España prometía dejar atrás otros frutos de nuestro ingenio en los últimos tiempos como la fregona y el chupachups, pero ya puede asegurarse que no será ese el caso. Quizás porque el Boletín Oficial del Estado, que lo aguanta todo, bueno, malo o regular, no garantiza el éxito de sus iniciativas. Quizás porque hay que cuidar la calidad del producto antes de anunciarlo. O quizás porque, sencillamente, la idea no es muy feliz.

Ni Alemania, ni el Reino Unido ni otros países de mayor peso internacional que el nuestro tienen una marca similar, seguramente porque no les hace la menor falta. Se conforman con el “made in…” de toda la vida. Así ahorran gastos al erario público y, además, no corren el riesgo de hacer el ridículo como nos ha sucedido a nosotros con los vuelos del Príncipe Felipe a Brasil y a Honduras. Uno frustrado por completo y otro en clave de pesadilla.

Primero fue la vergüenza del viaje que no pudo ser, dando plantón a lo más granado del mundo político, social y económico de Latinoamérica. El heredero del Trono de España pasó la noche en el Airbus 310 que se negó a despegar de Torrejón de Ardoz, en el corazón de la Madre Patria. Pero como la avería habría sido de poca monta, nadie asumió la responsabilidad del fiasco, nadie ofreció disculpas y nadie presentó la dimisión. No volvería a ocurrir. Pero ocurrió.

La última aventura ha sido aún más rocambolesca. El mismo Airbus 310 que había hecho una escala técnica en Santo Domingo hubo de regresar a ese aeropuerto porque, según nos dijeron, se había encendido el indicador del filtro de aceite, algo sin importancia pero que aconsejaba una revisión por razones de seguridad. La tarea se prolongó, sin embargo, durante siete o nueve horas, lo que no deja de ser sorprendente. Y por último, para confundir aún más al personal, se envió a Tegucigalpa, para rescatar al Príncipe, el Airbus gemelo con el que Rajoy y su séquito pensaban desplazarse a Roma.

La Marca España ha tomado, precisamente por aquellas tierras, un tinte tan bananero que convendría olvidarse de ella por una larga temporada. También podría guardarse bajo siete llaves en el sepulcro del Cid, en su arcón o en el baúl de los recuerdos de Karina, lo que nos permitiría dedicar algunos euros más a los servicios sociales, por ejemplo. Volviendo a los viajes, hay países de alto nivel de vida cuyos dignatarios vuelan más modestamente pero sin contratiempos. Mejor un utilitario que un Rolls-Royce de segunda mano y con dificultades para pasar la ITV.

La guinda ha sido que parte de la delegación española llegó a la capital italiana en un avión prestado por Bélgica. ¿Hay quien dé más? Y mientras tanto Iberia, nuestras emblemáticas líneas aéreas, en franca retirada de las Américas.