La Marca España no gana para sustos

Hay que echarle valor a la cosa para promocionar la Marca España en la actual situación del país. Cinco millones y medio de parados sin contar a los españoles que han tenido que emigrar o ya no se molestan siquiera en guardar cola. Un altísimo porcentaje de la población juvenil a la espera de un trabajo que no llega. Unos mayores de cuarenta o cincuenta años que se han quedado definitivamente en la cuneta. Una vuelta de ingresos medios a las cifras de hace doce años. Una enorme desconfianza de los españoles en sus gobernantes y en sus instituciones, empezando por la Corona y terminando por esa Administración de Justicia que no da abasto para procesar la corrupción a todos los niveles con nuestros dineros y con los aportados por la Unión Europea. ¿Seguimos?

Pues en eso estábamos cuando, por si lo dicho fuera poco, parece que últimamente nos empeñamos más que nunca en dificultar la propaganda del producto. Un día, el resultado de la subasta para fijar el precio de una de las partidas del recibo de la luz no le gusta al Gobierno. Entonces se anula la subasta, so pretexto de unas posibles anomalías que después no se confirman, aunque el ministro de Industria se empeñe en lo contrario, y en lugar de acordar su repetición se cambian las reglas del juego. Una zigzagueante política que en términos de seguridad jurídica y confianza de los grandes inversores internacionales no contribuye al esplendor de la Marca España. Y eso cuando aún resuenan las quejas por la supresión de ayudas a unas energías renovables desarrolladas en buena parte con capital extranjero.

Otro día el consorcio encabezado por SACYR para la construcción del nuevo Canal de Panamá, una de las obras más importantes del siglo XXI, promocionada incluso con la visita del Príncipe de Asturias al país centroamericano, amenaza con su retirada si no se les abonase rápidamente un sobreprecio del 50%, unos mil seiscientos millones de dólares que ya se comunicaron como dinero efectivo a nuestra Comisión Nacional del Mercado de Valores, lo que no deja de ser insólito.

Aun si se llega a una transacción y los trabajos siguen su curso, la confianza en las empresas españolas habrá sufrido un duro golpe. Digan lo que digan nuestras autoridades, lo ocurrido en Panamá no es una buena noticia para, por ejemplo, la exportación del AVE a Arabia Saudí, a Brasil o a otros países. Semejante episodio pesa más en un platillo de la balanza que, en el otro, mil recuerdos de Cervantes, Goya o Núñez de Balboa.

También tenemos, como una carcoma de la Marca España, la incesante campaña separatista que, dirigida desde la propia Comunidad Autónoma de Cataluña que es parte del Estado, alimentada con dineros públicos y amplificada por unas sedicentes “embajadas”, utiliza el eslogan de ¡España nos roba! Todo un aviso para navegantes fuera de nuestras fronteras. Si robamos a los propios compatriotas, cabe imaginar lo que haremos con los extranjeros si se nos presenta la ocasión.

Luego vendría la pintoresca pero significativa anécdota del discurso del Rey en la Pascua Militar. La lectura de una alocución de sólo cinco minutos fue lamentable porque, según la Casa Real, el atril estaba mal iluminado. Suponiendo que esta explicación fuera cierta -lo que es mucho suponer- habría que preguntarse por la fiabilidad de un país donde algo así puede ocurrir sin que nadie cese o sea cesado de inmediato. Y más a más, como dicen los catalanes, ayer nos encontramos con que una importante operación policial contra los abogados del entorno etarra se anuncia antes desde el propio Ministerio del Interior.