Las cuatro esquinas

1ª.- Un hallazgo gramatical

El expresidente o presidente Felipe González -lo que ustedes prefieran porque se conserva el título al cesar en el cargo- acaba de acuñar en vivo ante la crema del PSOE el vocablo “austericidio” para denunciar los efectos letales de la austeridad predicada por el presidente Rajoy. Como suele ocurrir con quienes pretenden dar lecciones sin particulares méritos para ello, el supuesto erudito ha dicho una necedad. Homicidio es matar a un hombre, parricidio es matar a un padre o pariente, e infanticidio es matar a un infante o niño. Austericidio sería por lo tanto matar la austeridad, o sea, todo lo contrario de lo que quiso decir el inventor del palabro.

2ª.- Una medicina para el alma

La “misericordina” es una cajita con un rosario dentro como la rosariera de toda la vida pero adaptada a los nuevos tiempos, más dados al diseño y a la mercadotécnica. La idea, que parece proceder de un párroco polaco, ha sido puesta de largo por el papa Francisco hace sólo unos días. Falta por ver si esta novedosa presentación de un producto tan arraigado en la devoción católica no será contraproducente. Lo de “misericordina” tiene un aire populista que puede gustar o no. Un diario español no sospechoso en la materia hace chistes con el “perdonil”, el “comulgarén”, el “arrepentirol”, el “penitencín” y el “rezarak”. Algunos pensamos que el rosario debería seguir siendo, sencillamente, el rosario.

3ª.- Un consuelo tirando a tonto

La excarcelación generalizada de asesinos terroristas en serie, mucho antes de lo que habría ocurrido en otros países menos acomplejados en su lucha contra la criminalidad, tiene notorios responsables políticos entre los que, sin embargo, no se encuentra el actual ministro del Interior. Probablemente sea éste el primero en lamentar lo que está ocurriendo, pero eso no justifica su recurso a consuelos pueriles. En su opinión, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos habría equiparado a los terroristas con los violadores y asesinos sexuales que también han salido de la cárcel. Pero la verdad es que esa equiparación ya se habría producido con la imposición de unas mismas penas. Sólo sucede que renunciamos en su día a la prisión perpetua revisable y los errores se pagan.

Y 4ª.- Una vergüenza nacional

Lo ocurrido con el Príncipe de Asturias y su séquito de altos funcionarios, empresarios y periodistas en su frustrado viaje a Brasil produce sonrojo. Una avería detectada en el último momento, un arreglo infructuoso que se prolonga durante siete horas y un viaje que se suspende porque, increíble pero cierto, nadie presentó una alternativa. Lo mismo, exactamente lo mismo, le hubiera ocurrido al propio Rey Juan Carlos si este hubiera encabezado la expedición. El mucho o poco dinero que nos cuesta la Marca España estaría mejor empleado en la mejora del producto que en su publicidad. Otros países serios ni tienen marcas similares ni las necesitan. Se conforman con no hacer el ridículo.