Un pacto sobre casi nada

Echar las campanas al vuelo porque el PP y el PSOE hayan sellado un gran pacto estará o no justificado según su contenido. Lógico es que en tiempos de tribulación social y calamidad pública a todos los niveles -ha leído bien el lector, a todos-, nos alegremos por cualquier atisbo de acuerdo entre nuestros dos grandes partidos, pero sin sacar las cosas de quicio cuando no hay razón para ello. Y esto último es lo que ocurre con el acuerdo para trasladar al Consejo de Europa la necesidad de que nos ayuden a salir de la crisis con algo más que exigencias para reducir el déficit dejado por el despilfarro y las burbujas inmobiliaria y financiera. Un triste panorama adobado con una corrupción omnipresente, vertical, horizontal, espesa, política, institucional, pública y privada, individual y empresarial como nunca, absolutamente nunca, se había conocido en España.

La preocupación del PP, del PSOE, de nuestras restantes fuerzas políticas, de nuestros líderes sindicales y patronales, y de toda la población española, debe ser bien conocida en Bruselas, Frankfurt y Berlín. Sería impensable que los seis o siete millones de parados, la sangría de empresas que echan el cierre y la emigración forzada de decenas o centenares de miles de jóvenes nos tuvieran sin cuidado. Ni vamos a decir nada nuevo ni el hacer causa común en estos temas, adoptando una misma postura en Europa, nos llevará más lejos. Las soluciones que dependen exclusivamente de nosotros están en España.

Es a este lado de la mesa de la negociación internacional, donde debemos ponernos de acuerdo para ganar la confianza de los inversores, que son quienes tienen el dinero que nuestra economía necesita. No hay una propuesta del Gobierno que no suscite el rechazo automático de una oposición sin alternativas (si no son las que precisamente nos llevaron a la ruina). Y el programa electoral incumplido por quienes ganaron con mayoría absoluta en las urnas no ha sido sustituido por otro global conforme a las nuevas circunstancias que, según dicen (y algunos creen), tanto sorprendió a los líderes del PP. Seguimos sin recortar gastos superfluos cuando la presión impositiva no da para más. La mitad de las reformas anunciadas para el recorte de gastos continúan sometidas al españolísimo régimen del “mañana, mañana”.

A Dios, o a Europa, rezando y con el mazo dando, como el refranero nos enseña. Rajoy y Pérez Rubalcaba se han puesto de acuerdo en pedir más dinero y más barato para salir de una crisis que está castigando particularmente a los jóvenes. ¡Pues qué bien! Se confía en que la prima de riesgo baje rápidamente.

Sobre el autor de esta publicación