La Casa de los Líos

Desde hace unos días se representa con gran éxito en toda España la comedia de intriga y misterio “Hacienda o la Agencia Tributaria”, fruto de la feliz colaboración entre un tal Cristóbal y una tal Beatriz, desconocidos hasta ahora en el arte de Thalía. Pudiera ser una obra prima, pero no se descarta que ambos autores tengan algunas otras pendientes todavía de estreno. Seguro es, sin embargo, que aquella promete mantenerse largo tiempo en cartel.

La trama es muy interesante dentro de su gran sencillez. En un remoto reino vive una infanta a cuyo esposo, un virtuoso de las finanzas, se le sigue un procedimiento criminal, si bien la infanta misma haya quedado fuera, hasta el momento al menos, por ignorar los tejemanejes del marido. Las cosas de palacio -sobre todo de los palacios de justicia- van despacio y el espectador comienza a aburrirse. Entonces salta, como el duendecillo con muelle en una cajita de sorpresas, la gran noticia. La Agencia Tributaria comunica al juez que el nombre y el DNI de la señora aparecen en relación con varios inmuebles repartidos a lo largo y ancho del país.

La infanta replica de inmediato que ella ni los ha comprado ni los ha vendido, ni sabe siquiera dónde están. Se oyen voces de fondo culpando a las notarías y los registros que proporcionaron los datos. Y este es el momento en el cual los coautores de la obra, que resultan ser también sus dos personajes centrales, salen al escenario para que el interés no decaiga. Vemos a un ministro huyendo de los políticos y periodistas mientras que la jefa de los recaudadores dirige la mirada, en absoluto silencio, hacia el infinito. Luego, el ministro da la cara, con una semana de retraso, para afirmar que todo ha sido un error administrativo y que ya está bien de pedir explicaciones. Como en la Orden de la Jarretera, “Honi soit qui mal y pense” (maldito sea quien piense mal). Se masca la tensión en el patio de butacas, en las plateas y en las localidades de paraíso.

¿Cómo terminará el enredo? Quizás la verdad no se sepa nunca si el público acaba abandonando la sala por cansancio, pero hoy se especula con varias soluciones a cual más disparatada. Así, mal se podría perjudicar a la infanta con una manipulación de tan breve recorrido. Tampoco tendría mucho sentido intentar engañar al juez durante 24 ó 48 horas. Y la tesis de un error múltiple, o cadena de errores, desafiaría todo cálculo de probabilidades.

Los registradores y notarios de diferentes lugares de España no pueden equivocarse al unísono con un mismo DNI cuyos tres únicos dígitos -privilegio de la familia real- habrían llamado la atención. Además, no se explica que nadie comprobase nada. Y se nos dice, por si faltara poco, que ni siquiera todas esas fincas fueron objeto de transacción alguna desde hace más de medio siglo. Otra explicación sería la simulación de ventas para justificar los ingresos del matrimonio, pero algo tan burdo no se compadece bien con la acreditada profesionalidad de los recaudadores del país ni con la calidad del asesoramiento jurídico del matrimonio.

España dispone de una larga lista de arcanos nunca satisfactoriamente resueltos. Entre ellos, el asesinato de Prim, la identidad del elefante blanco del 23F, la X culminando el organigrama de los asesinos del GAL y la profanación del cadáver del GEO que murió el 11M. Pero ahora, con este sainete de enredo ministerial, los autores no han necesitado de ningún crimen sangriento para cautivar la atención del espectador. Un nuevo hito para la Marca España. No hay nada mejor que predicar con el ejemplo.

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