La Marca España

Cuando en España superamos con mucho los porcentajes de parados en Irlanda, Portugal y Grecia: seis millones con tendencia ascendente. Cuando los jóvenes sin empleo llegan al cuarenta o cincuenta por ciento en algunas regiones. Cuando somos líderes mundiales en el paro (o casi). Cuando ni una sola de nuestras universidades se encuentra entre las doscientas primeras del mundo. Cuando nuestro fracaso escolar en las enseñanzas básicas y medias se coloca a la cabeza de Europa. Cuando hasta respirar resulta difícil en esta atmósfera de corrupción ambiental, institucional, política, financiera y social. Cuando la confianza de los propios españoles en sus políticos está por los suelos, hasta considerarlos el segundo problema del país. Cuando la bandera de España sigue sin ondear en algunos ayuntamientos. Cuando los niños tienen dificultades para utilizar su idioma materno, el español, en algunas partes de España. Cuando al Rey –hoy Jefe del Estado de España para monárquicos y republicanos- se le abuchea multitudinariamente en público, como al himno nacional (cosa inimaginable en el Reino Unido, Holanda, Suecia, Noruega, Bélgica o Dinamarca, por ejemplo).

Cuando nuestros científicos hacen el equipaje hacia Estados Unidos o Alemania. Cuando nuestros médicos y enfermeras tienen que emigrar a Portugal o Inglaterra. Cuando el desahucio de viviendas se ha convertido en el pan nuestro de cada día. Cuando se descubren las prácticas fraudulentas de muchas instituciones financieras con la letra pequeña de las hipotecas o de las acciones preferentes. Cuando la clase política, empresarial y sindical ha arruinado a tantas Cajas de Ahorro, a cambio, eso sí, de sueldos fabulosos, blindajes multimillonarios, pensiones de ensueño y otras sinecuras que para sí querrían los príncipes saudíes. Cuando sufrimos el fallo clamoroso de todos los controles públicos, desde el Banco de España a la Comisión Nacional del Mercado de Valores, pasando por una Agencia Tributaria selectiva contra el ciudadano medio y terminando por una Justicia falta de medios para combatir la delincuencia de cuello blanco y de garra negra. Cuando la corrupción llega a los palacios, como las andanzas de don Juan Tenorio, y ni respeta siquiera los fondos europeos para combatir el paro. Cuando… El lector puede alargar fácilmente la lista. Como los grandes inversores extranjeros que saben distinguir bien entre la verdad y las bellas palabras.

Entonces, a alguien se le ocurre eso tan bonito de la Marca España para vendernos mejor en el mundo mundial. Ahí están Alonso, Nadal, el Madrid y el Barça. Y el Prado y las soleadas playas. Y la paella. Y la literatura del Siglo de Oro. Y la conquista de América. Y los recientes inventos de la fregona y el chupa-chups. Pero una cosa son el deporte, la geografía y la historia de España y otra sus actuales problemas económicos. No es el momento de gastarse un euro más en congresos, congresistas y genios de la publicidad. Hay mejores formas de emplear nuestros dineros. Antes de promocionar un supermercado debemos ponerlo en estado de revista para que la propaganda no sea contraproducente. Los castillos de naipes se desploman si una chapuza o una gran mentira sigue a la otra sin solución de continuidad.

La última, tan retorcida como inimaginable son los datos falsos que la Agencia Tributaria, en definitiva el Ministerio de Hacienda, acaba de proporcionar al juez Castro sobre ventas multimillonarias de fincas por parte de la infanta Cristina, esposa del señor Urdangarín. Parece que ni durante años ni tampoco ahora, antes del envío, se molestaron siquiera en comprobar o cruzar los datos como sucede con el contribuyente de a pie. Habrá que investigar qué pasó en las notarías y en los registros de la propiedad y por qué todo se creyó con la fe del carbonero. La credibilidad de la Marca España está en juego.

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