La entrevista del expresidente Aznar

No es corriente que un partido político rompa de inmediato la promesa electoral que más ha podido influir en su victoria. Me refiero ahora, aunque haya otros ejemplos, a la bajada de impuestos en relación, sobre todo, con el caladero de las clases medias. La medida ya había sido tomada con magníficos resultados en otra ocasión y el PP no llegaba mal informado desde un remoto planeta. Fue el principal partido de la oposición durante muchos años, ejerció la crítica cotidiana al PSOE, contaba con partidarios en los más altos niveles de la Administración, detentaba el gobierno autonómico en muy relevantes Comunidades Autónomas, como la de Madrid, y conocía lo que ocurría en las Cajas de Ahorro.

Tras la mentira metódica del último gobierno del PSOE se esperaba un cambio radical, pero no fue así. La credibilidad de nuestros nuevos responsables políticos se ha desplomado hasta acercarse a la del PSOE, o sea, a la nada. Algo muy nocivo –y aquí entran ambos partidos-, para los intereses de España. Pero las encuestas son terminantes: los políticos son vistos como el principal problema del país.

En ese escenario del sí pero no, del haremos esto o lo otro o lo que consideramos mejor, y del usted no me quiere entender pese a lo bien que me explico, la reciente entrevista a José María Aznar, expresidente del Gobierno, ha levantado ampollas. Las promesas electorales no están para romperlas, como decía Tierno Galván, el Viejo Profesor, sino para cumplirlas, empezando por la bajada de impuestos. Son necesarios un proyecto político claro y una acción política decidida frente a una crisis política e institucional con pocos precedentes. La réplica al desafío soberanista de Cataluña no ha sido tan firme como debiera. Es necesario recuperar la imagen internacional de España. Y así sucesivamente.

Aunque también el señor Aznar cometiera sus errores como presidente, y aunque no todas sus observaciones o propuestas merezcan aplauso, hay que agradecerle la claridad con que se ha expresado en defensa del programa electoral que dio la mayoría absoluta al PP. Son muchos los ciudadanos que votaron al PP hace menos de dos años pero que hoy le han vuelto la espalda. Eso de que no se sepa si uno sube o baja la escalera puede estar bien para confundir al adversario. Lo malo es acabar dando la impresión de que la persona en cuestión duda entre subir o bajar.

Cada uno es muy libre de pensar lo que guste sobre si para el PP o para el Gobierno de España sería o no preferible el liderazgo de Aznar que el de Rajoy: Vayan, sin embargo, algunas precisiones. El rechazo a Aznar por parte de todos los partidos de la oposición refleja un cierto temor a un cambio contrario a sus intereses. Así en la réplica de un Arturo Mas temeroso de que el separatismo catalán pudiera tenerlo más difícil con el expresidente. Y las reacciones de destacadas personalidades del Gobierno o del PP tampoco son una sorpresa por cuanto las críticas les afectan directamente.

Muy distintas pueden ser, sin embargo, las opiniones entre los votantes de a pie. Aznar fue para muchos de ellos el mejor presidente de la Democracia, cosa que hasta ahora nadie se atreve a afirmar del señor Rajoy. Quizá el actual presidente lo esté haciendo mejor que lo haría el señor Aznar. Quizá fuese una equivocación cambiar de caballo en plena carrera. Pero bienvenidas sean estas advertencias de quien se expresa con envidiable claridad. Los ciudadanos lo agradecen porque se estaban acostumbrando a otra cosa.