Un polémico lavado de pies

La Iglesia Católica ha iniciado su tercer milenio y tiene, como su nombre indica, una vocación universal. De ahí que sus problemas estrictamente dogmáticos o religiosos no hayan sido ajenos por completo a las circunstancias de tiempo y lugar o, si se prefiere, de la Geografía o de la Historia. La Iglesia Universal o Católica es también Romana, lo que, aparte de encerrar una cierta contradicción, ha traído consigo que la inmensa mayoría de los pontífices hayan sido italianos, al igual que los altos dignatarios de la curia vaticana. Roma es el centro del Catolicismo no sólo como sede de su gobierno espiritual y temporal, supremo en ambos casos, sino también como el lugar del que han partido las doctrinas dominantes -políticamente correctas, si se permite la expresión- en cuestiones más o menos opinables.

El posicionamiento del Vaticano no ha sido el mismo que el de la jerarquía católica de otras partea del mundo en relación, por ejemplo, con los avances científicos, la modernidad, la cuestión social y la sexualidad. Las relaciones prematrimoniales, el uso de anticonceptivos y la píldora post coital, la posición de la mujer en la iglesia y el celibato sacerdotal obligatorio son algunas de las cuestiones en las que muchos católicos no aceptan -de pensamiento y, en su caso, de obra- la doctrina oficial. Y en cuanto a la injusticia consolidada a lo largo y ancho de Hispanoamérica, sería ingenuo olvidar las raíces evangélicas de la teoría de la liberación, al margen de errores o excesos no mayores que los de instituciones tan destacadas como la Santa Inquisición. O como lo ocurrido con unas indulgencias cuyas limosnas sirvieron para levantar palacios. El resto, con un Lutero escandalizado por tanto despilfarro y tanta hipocresía, es bien conocido. Aquellos monumentos y aquel boato, no muy acordes con la sucesión de Pedro, nos costaron también la segunda gran excisión de una Cristiandad ya fragmentada por el Cisma de Oriente.

Sería temerario predecir lo que el pontificado de Francisco I será en la Historia de la Iglesia a partir de unos gestos personales que son en sí mismos tan compatibles con una actitud conservadora en el fondo como con otra innovadora dentro del mayor respeto a los dogmas y demás pilares básicos del catolicismo. Ese interés por el comportamiento de Francisco I demuestra que son numerosos los católicos que apuestan por cambios en aquellas polémicas cuestiones. Y entre esos gestos destaca que el Papa haya lavado los pies a dos mujeres el Jueves Santo. Algo insólito que no ha tenido en España el mismo eco que en otros países.

Se trata de una práctica ancestral que se ha celebrado este año en una prisión de jóvenes de Roma. La noticia es que por primera vez un Papa se ha saltado la Liturgia al lavar los pies a dos mujeres, junto a diez varones. Hasta ahora sólo se había escogido a hombres para esta ceremonia. Ha habido reacciones para todos los gustos. Unas, temiendo el precedente para cambiar algunas cosas por la vía de los hechos. Otras, atisbando nuevos aires para la posición de la mujer en la Iglesia. Y otras, como la del portavoz vaticano Lombardi, aduciendo la excepción que confirmaría la regla. Sólo el tiempo pone a cada uno en su sitio.

Sobre el autor de esta publicación

José Luis Manzanares

Nació en 1930. Obtuvo Premio Extraordinario en la Licenciatura de Derecho por la Universidad de Valladolid (1952) y en el Doctorado por la Universidad de Zaragoza (1975).

Ingresó en la Carrera Judicial en 1954 y se jubiló como Magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo el año 2000. Es también Abogado del Estado (jubilado) y Profesor Titular de Derecho Penal (jubilado). Fue Vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial entre los años 1990 y 1996. Desde 1997 es Consejero Permanente de Estado.

Amplió estudios en la Universidad Libre de Berlín Occidental y en el Instituto Max Planck de Friburgo.

Ha pronunciado numerosas conferencias en España, Colombia, Cuba, Alemania e Italia.

Ha publicado más de un centenar de trabajos jurídicos, amén de nueve libros, entre ellos dos Comentarios a los Códigos Penales españoles de 1973 y 1995, habiendo participado en otros diez de carácter colectivo. También ha traducido algunos textos jurídicos del alemán, entre los que destaca la última edición (la 4ª) del Lehrbuch des Strafrechts (Parte General) del Profesor Jescheck. Ha llevado durante años la Sección jurisprudencial del Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. La misma labor desarrolló en la Revista “Actualidad Penal”, de la que fue Director durante algunos años, desde su primer número hasta su cierre el año 2003. Es también autor de unos comentarios en 2 Tomos al vigente Código Penal tras su reforma por la Ley Orgánica 5/2010, editados por Comares, Granada. Su último libro, publicado el año 2012 por la editorial La Ley, de Madrid, se ocupa de “La responsabilidad patrimonial por el funcionamiento de la Administración de Justicia”.

Ha colaborado en algunos periódicos nacionales, como ABC, Diario 16, La Razón, El Mundo, El País, La Gaceta de los Negocios, La Clave, Epoca y Expansión, y semanalmente, durante muchos años en Estrella Digital. También en la revista alemana “Juristenzeitung” y otras especializadas de México y Argentina.