Sí, pero…

Sí, es cierto que el perdedor de las elecciones catalanas se llama, para muchos españoles dentro y fuera de Cataluña, Artur Mas, conocido anteriormente por Arturo. Lidera la formación política Convergencia y Unió, que ha obtenido 51 de los 135 escaños con que cuenta el Parlamento de la Comunidad Autónoma, muy lejos por lo tanto de sus rivales más inmediatos: ERC con 21, PSC/PSOE con 20 y PP con 19. Un gran triunfo que deja de serlo si se repara en que ha perdido doce de los parlamentarios que tenía antes de convocar estas prematuras elecciones. Esperaba conseguir la mayoría absoluta pero se equivocó. Le ha fallado tan estrepitosamente su olfato político que hoy no aparece siquiera como un vencedor pírrico, sino como un perdedor neto.

Artur Mas quiso jugar el papel de Moisés y salvador de la patria, encaramándose sobre el pedestal cuasi religioso de un nacionalismo de diseño, y ha terminado con la figura descompuesta, por utilizar una expresión taurina. Había que verle con su equipo en TV. El rostro compungido de todos ellos recordaba el triste final del cuento de la lechera. Ni una media sonrisa, porque se les había acabado, al menos por ahora, un sueño vendido a bombo y platillo. Una imagen de esas que valen más que mil palabras.

Sí, también es cierto que los avances de Ciutadans y el nuevo escaño del PP compensan el fuerte retroceso del PSOE/PSC entre quienes -no sin matices, por eso del Estado federal que postulan los socialistas- se oponen a la secesión de Cataluña. Puede que el señor Mas haya perdido credibilidad con sus sobreactuaciones. Puede que CiU le mande a la reserva después de agradecerle los servicios prestados. Y puede que la formación regrese a su tradicional nacionalismo, más activo y práctico que mesiánico.

Pero Esquerra Republicana de Catalunya ha ganado lo que CiU ha perdido y, tras el radical viraje del centroderecha hacia la independencia, el separatismo es hoy bastante más fuerte que antes. Pero el descalabro de los convergentes no ha sido óbice para que los enemigos de la unidad de España ocupen dos tercios de los escaños en el Parlamento Catalán. Pero la política de Mas ha abierto entre los propios catalanes y también entre Cataluña y el resto de España profundas heridas que tardarán mucho tiempo en cerrarse. Pero si el Gobierno continúa tolerando que desde las instituciones del Estado, empezando por la Generalidad, se fomente la secesión y se incumplan las leyes de España y las sentencias de sus Tribunales, más pronto que tarde volveremos a las andadas.

Sí, podemos estar satisfechos, pero sin echar las campanas al vuelo.