Las enseñanzas del Barón de Münchhausen

El importante papel que a Alemania le ha tocado jugar en estos tiempos de crisis resulta decisivo para la obtención de las ayudas que España necesita como uno de los países que con mayor intensidad la sufren. Y así, en el centro de nuestras elucubraciones políticofinancieras se encuentra un rescate que, preventivo, parcial, anticipado o como quiera llamarse, aparece y desaparece del horizonte inmediato según las declaraciones contradictorias y siempre confusas o condicionadas de algún personaje de Bruselas, Frankfurt, Berlín, o de los propios políticos o financieros españoles. Sin olvidar las opiniones, también variadas, de los grandes rotativos internacionales, unos especializados en economía y otros no.

Pero hablábamos de Alemania, y es que del siglo XVIII de ese país nos ha llegado un curioso fenómeno en línea con las hazañas del Barón de Münchhausen. El aristócrata germano que cabalgaba sobre una bala de cañón descubrió también el original sistema de salir de un pozo tirando de sus propios cabellos. Una especie de huevo de Colón, pero sin huevo y sin Colón. El invento hace las delicias de los niños, pero a nadie se le había ocurrido trasladarlo a la vida de las personas mayores y, menos aún, para resolver problemas económicos de primera magnitud. Esos, por ejemplo, que podrían llevarnos al rescate que la mayoría de los empresarios y financieros desean, aunque no guste a nuestros gobernantes por su alto coste en términos políticos.

El lector habrá comprobado lo bien que funcionan los dos toboganes de la bolsa y la prima de riesgo en relación con las expectativas del rescate. Cuando éste parece inminente, el IBEX sube y el diferencial en la deuda alemana se relaja. Y a la inversa. Pasa el tiempo, no se hace nada, y los buenos datos se desinflan paulatinamente hasta que el rescate vuelve a ser noticia y el optimismo retorna a los mercados. El fenómeno está a la vista de todos, pero nadie había reparado en su aplicación práctica hasta que a los magos de nuestras cuentas públicas se les encendió la lucecita del TBO y sacaron una brillante conclusión. Algo así sucedió con Newton y la caída de la manzana. Se hace creer que el rescate está a la vuelta de la esquina, con lo que la bolsa sube y los intereses de nuestra deuda soberana bajan. Y seguidamente -ahí se encuentra el quid de la cuestión- esa mejoría de nuestras finanzas sirve de argumento para no pedirlo por ser innecesario a la vista de la positiva evolución de los mercados.

Falta saber si el tirarse de los pelos para salir del pozo puede repetirse indefinidamente. El barón de Münchhausen sólo probó una vez.