El alto coste de la indecisión

Se recomendaba en tiempos de Franco, cuando alguien se quejaba de lo que veían sus propios ojos, mirar menos alrededor y leer más los periódicos. Ahora se aconseja leer prensa extranjera porque el tufillo de la doble propaganda del PP y del PSOE se diluye fuera de la piel de toro. Los españoles vivimos sometidos a una ducha escocesa, pasando de la esperanza a la desesperación con solo cambiar de periódico, emisora de radio o canal televiso. A veces basta con escoger entre dos columnas de un mismo diario.

Antes de leer un artículo o escuchar unas declaraciones ya sabemos lo que nos van a decir según la adscripción política del comunicante. Pensamos también, y esto es lo peor, que tanto sus comentarios sobre la crisis, lo que se está haciendo mal y lo que nos espera, no responden a un examen objetivo de la situación sino al deseo de ganar, o no perder, el apoyo del electorado. Y así ocurre lo que ocurre. Los pronósticos no se cumplen y a las promesas hechas a los votantes se las lleva el viento. El resultado es la falta de credibilidad de nuestros dirigentes de ayer y de hoy, según revelan las encuestas, los altos intereses de nuestra deuda pública y su prima de riesgo.

Pues bien, cuando aquí andamos dándole vueltas al rescate de verdad, -perdidos entre el quizá, el más tarde y el ya veremos- puede ilustrarnos un poco lo que escribe el “Financial Times” y reproduce con algunos aditamentos el semanario alemán “Der Spiegel”. Se refieren ambos rotativos a unas supuestas negociaciones entre Madrid y la Comisión Europea para fijar los términos del rescate, lo que parece más razonable que esperar pasivamente la comunicación de lo decidido a nuestras espaldas. Las condiciones -o la condicionalidad, como dicen los cursis de nueva generación- harían hincapié en las reformas estructurales y no en nuevas subidas de impuestos. Estarían, pues, muy de acuerdo con el sentir de la ciudadanía española, a la que el Fisco sangra y empobrece para engrosar las arcas públicas, mientras que la asignatura pendiente de la reducción de gastos queda para un mañana que nunca llega. Y se da como seguro que el retraso de las jubilaciones de sesenta y cinco a sesenta y siete años se anticipará a las previsiones actuales.

Los empresarios -es decir, los emprendedores con empresa, para que nos entendamos en la nueva terminología- desean que la petición de rescate no se retrase mucho, porque sin él nuestro deterioro económico sería progresivo y nos obligaría a tomar, demasiado tarde, medidas aún más severas. La última bajada de la prima de riesgo y el repunte de los valores de la bolsa española se debería precisamente a que los mercados ya cuentan con un rescate que, entre otras cosas, evitaría el riesgo de que algunas reformas se queden por el camino. Puede que, ganando tiempo y adelantando ajustes por iniciativa propia, el rescate tenga en su día un menor coste político para el partido gobernante, pero demorarlo por razones partidistas hasta que se celebren las elecciones vascas y gallegas iría contra de los intereses de España.

O las expectativas de los mercados se confirman o todo habrá sido el espejismo de una inconsistente pompa de jabón.