Un pequeño respiro para nuestra maltrecha economía

El acuerdo alcanzado en Bruselas es una buena nueva para las economías de dos grandes países en apuros: España y, por este orden, Italia. Enhorabuena, pues, para sus dos presidentes de Gobierno que han sabido batirse el cobre cuando mayor falta hacía. El acuerdo del Consejo Europeo ha repercutido de inmediato en la bolsa de Madrid, que subió un 5,66% mientras la prima de riesgo de la deuda pública bajó de 542 puntos a 475. Celebramos la reacción de los mercados, poco proclives a dejarse engatusar por las voluntaristas promesas de quienes se encuentra en apuros por méritos (o deméritos) propios.

Como suele ocurrir en la eurozona, faltan por atar todavía algunos cabos, pero parece que las condiciones no se apartarán mucho de lo ya previsto. La ayuda financiera nos será facilitada por el actual FEEF (Fondo de Estabilidad) hasta que se ponga en marcha el MEDE (Mecanismo de Estabilidad) y se transferirá, en todo caso, sin que la nueva deuda tenga prioridad alguna. De otro lado, tanto el FEEF como el MEDE podrán recapitalizar directamente a los bancos en dificultades, de forma que no afectará al déficit público. Las condiciones se imponen a los bancos y no al Estado, por lo que, a diferencia de lo ocurrido en Irlanda, Grecia y Portugal, no se trata de una intervención que afecte a la soberanía nacional.

Pero esto es sólo un alivio, porque la respiración asistida de quien apenas podía respirar no cura los males del enfermo. Este es el momento de que el Gobierno adopte de una vez por todas, sin más tardanzas ni globos sonda, cuantas medidas sean necesarias para salir de la crisis. Sería imperdonable que las demoras, los titubeos y las declaraciones contradictorias siguieran mermando la credibilidad del Gobierno y, con ella, la de nuestra economía y la de la propia “marca” España, por utilizar una expresión muy de actualidad.

El respiro bancario no puede servir de pretexto para dejar de hacer, con la celeridad debida, lo que sólo al Gobierno compete. Si hay que subir el IVA, mejor hoy que mañana. Y lo mismo sucede con lo que aún resta para terminar la reforma laboral. Quedan muchas cuestiones pendientes pero bien conocidas. Son todas aquellas que una intervención desde Bruselas habría aplicado ya. Si el Gobierno tuviese dudas, le bastaría informarse para evitar en un futuro próximo las órdenes de obligado cumplimiento.

Los españoles somos conscientes de nuestra lamentable situación y estamos dispuestos a pechar con los sacrificios necesarios para afrontarla y vencerla. Sólo pedimos que nuestros dirigentes nos hablen en castellano. No es hora de nebulosas frases, bien construidas gramaticalmente pero sin nada dentro. Esta España que, harta del discurso infantil de Rodríguez Zapatero, votó mayoritariamente por el PP, merece y espera otra cosa. Es una lástima, como botón de muestra, que la profunda reforma de las Administraciones Públicas haya caído hasta ahora en saco roto.

En resumen, allegro ma non troppo.