El Congreso socialista de Sevilla

El expresidente Rodríguez Zapatero reconoció por fin, durante el XXXVIII Congreso del PSOE en Sevilla, que había reaccionado tarde a la crisis económica, pero es una verdad a medias. Antes había negado la evidencia y llamado antipatriotas a quienes no querían acompañarlo en su voluntaria ceguera. Y luego nos hizo perder el tiempo, bien arropado por su equipo ministerial, con ocurrencias tan pintorescas como el regalo de bombillas de bajo consumo, el reparto de cheques-bebé y la reparación de aceras. Hasta que desde Bruselas, Berlín y Washington se nos indicó cortésmente el camino correcto. Entonces no nos quedó otro remedio que obedecer con mayor o menor desgana. Teniendo además en cuenta lo que aquella tardanza nos ha costado en número de parados, empresas quebradas y empobrecimiento general, no habría sido excesivo esperar alguna petición de perdón al conjunto de los españoles.

También nos habría gustado que los dos candidatos a la Secretaría General del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme (o Carmen) Chacón Piqueras, ambos estrechos colaboradores del expresidente en la deplorable gestión de la crisis que llevó a la debacle electoral de su partido en las últimas elecciones generales, hubieran lamentado sus pasados errores como punto de partida para la elaboración de alternativas –suponemos que nuevas- que nos permitiesen salir de la crisis. Pero, desgraciadamente, no ha sido así. El debate se ha desarrollado en clave de política interna, atendiendo a las circunstancias personales de los candidatos. Uno, de cierta edad, de gran experiencia y defensor de un PSOE igual en toda España. Y otra, más joven, más impulsiva y más ligera, si se me permite la expresión, que mostró cierta complacencia con la deriva soberanista del PSC, volvió a demostrar hace pocos días el escaso respeto que le merecen el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo, y se solidarizó en su momento con aquel Rubianes que había insultado groseramente a España.

Como quiera que todos, y no sólo los socialistas, estamos interesados en que haya una oposición que cumpla bien su deber con el mismo discurso en el País Vasco, Madrid, Olula del Río (o sea, del río Almanzora) o Esplugues (del río Llobregat), este humilde comentarista, muy respetuoso con nuestra Constitución y poco amigo de la nación de naciones, celebra el triunfo de Pérez Rubalcaba y le desea los mayores éxitos en la dura tarea que le espera. Con el PP en el poder, como anteriormente con el PSOE, nada mejor que disponer de un buen recambio.

Es también probable que Pérez Rubalcaba sepa valorar mejor que su adversaria, aunque sólo sea por la edad, lo que significó el espíritu de la Transición como deseo de concordia y, en lo que hiciera falta, perdón muto y definitivo, al menos en lo que hace a la vida pública. Y me gustaría pensar que hablar precisamente ahora de la revisión de los acuerdos con la Santa Sede es uno de esos borrones que se le pueden escapar al mejor escribano. Todo en su lugar y a su debido tiempo. Problemas como el del aborto, el matrimonio homosexual y el contenido de la educación para la ciudadanía se resuelven en nuestras Cortes Generales y no en el tablero de las relaciones bilaterales con el Vaticano.