La oposición de Alemania a los eurobonos

Los alemanes se oponen a la emisión de eurobonos en defensa de sus legítimos intereses y conforme a lo dispuesto en la Ley Fundamental de Bonn. Admiten que la creación del euro les ha beneficiado, de forma que son pocos quienes quisieran regresar al viejo marco, pese a la acreditada solidez de aquella moneda nacional. La llamada “locomotora europea” ha cumplido bien su papel, pero sus ayudas a otros países menos desarrollados económicamente han beneficiado también a la propia Alemania. Incluso ahora siguen en tiempo de vacas gordas. Así, pueden recibir créditos al 1,5% para darlos después al 5% a Italia o España. Son antecedentes que, sin embargo, nos sirven para criticar su rechazo a unos eurobonos que afectarían negativamente a su posición en los mercados y, además, pueden ser anticonstitucionales.

De la deuda soberana de cada Estado sólo responde ese Estado, independientemente de los apoyos que le presten otros. Cada uno de los deudores ha llegado a esa penosa situación como consecuencia de su particular conducta en relación con sus finanzas, su mercado de trabajo, sus prestaciones sociales y, en definitiva, su política de ingresos y gastos. No es de recibo que quien se arruina por su mala cabeza o porque ha vivido por encima de sus posibilidades –cuando no gastándose alegremente su dinero y el del prójimo- exija después que los demás vengan a sacarle de apuros.

El hecho de que el hundimiento económico de unos Estados perjudique a los restantes no es suficiente para que esos otros tengan que unir su destino al de los manirrotos. Y ese sería el efecto de unos eurobonos a cargo de todos los países del euro como responsables solidarios. Los eurobonos podrían colocarse a menor interés que los bonos de las diferentes naciones en peligro pero a costa de los bonos alemanes, según la ley de los vasos comunicantes. Se entiende que la idea no suscite muchas simpatías en Alemania por estrecha que sea la interconexión de la economía a nivel mundial y muy especialmente entre los países de la eurozona.

El otro obstáculo para la emisión de eurobonos radica en su difícil compatibilidad con la Constitución alemana, que confía al Bundestag, equivalente a nuestro Congreso de Diputados, la legalidad presupuestaria. La Cámara no puede ceder su competencia ni a la Unión Europea ni a los gobiernos de otros Estados, y eso es precisamente lo que sucedería con la responsabilidad compartida en los eurobonos. Los comentaristas advierten también de que, a diferencia de lo que sucede en España, se trataría de un precepto con garantía de eternidad (Ewigkeitsgarantie), por cuanto no sería posible la puntual reforma de la Constitución en esta materia.

El Tribunal Constitucional de Karlsruhe se pronunció en su día con envidiable claridad: “El Congreso no puede introducir ningún mecanismo duradero de Derecho Internacional que suponga asumir alguna responsabilidad por decisión de otros Estados”. No hace falta subrayar el prestigio del “Bundesverfassungsgericht”, dentro y fuera de Alemania, por su absoluta independencia frente a todo oportunismo político.

Pero quizá exista una tercera razón para que los alemanes no miren con simpatía la propuesta de otros políticos europeos encabezados por Sarkozy. Fue Alemania quien avisó de los problemas que acarrearía un euro si la moneda única no fuese acompañada de una más estrecha unión política, al menos en lo concerniente a las finanzas. Los franceses no quisieron ir tan lejos e impusieron su criterio en la Cumbre de Estrasburgo de 1989. Y se accedió para obtener la luz verde de Francia en la reunificación de Alemania.

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