En un lugar de La Mancha

El eslogan de “España es diferente” utiliza el anzuelo de lo inusitado, asombroso y extraordinario. Los franceses, para referirse a los excesos de imaginación, hablan de tener castillos en España. Y Goethe consagró en su obra sobre el Conde de Egmont la frase “me suena a español” con el significado de no entender muy bien alguna cosa. Una expresión acorde con la imagen exótica de un país abierto hacia un mundo muy diferente del centroeuropeo. El biombo es, para los alemanes, una “pared española” y la bengala en una “caña española”. Ciertamente, la realidad puede superar a la ficción en nuestra piel de toro.

Lo ocurrido con el despilfarro en una línea del AVE manchego es un buen ejemplo. Tanto es así, que uno, que no acaba de creérselo, quisiera pensar que la noticia, procedente de una Dirección General del Ministerio de Fomento, ha sufrido algún error de transcripción. No parece que aquí quepa recurrir a la manida excusa de la frase sacada de contexto.

Resulta –o así se ha escrito – que desde diciembre del año pasado hasta el 1 de julio del presente hemos tenido un servicio directo del AVE entre Toledo, Cuenca y Albacete, con seis convoyes diarios (tres en cada dirección), que transportaron, entre los seis, algo así como nueve pasajeros de media por jornada. Quizá se trate de una exageración a la baja y los viajeros hayan sido nueve en cada tren, pero aún así seguiría habiendo motivos para asombrarse y para indignarse, sobre todo cuando se calcula en 18.000 euros al día el coste de la bendita línea. Bendecida –excusado es recordarlo- con el dinero de nuestros impuestos. La noticia, por las fechas, no podía ser una inocentada. Estamos a comienzos del verano.

Nadie va a escandalizarse a estas alturas por lo mucho que cuesta contentar a unos políticos más o menos locales que quieren adornarse ante los suyos con bellas plumas de pavorreal a cuenta del Estado, pero la vergüenza torera debería trazar unos límites insalvables para la actuación de cualquier servidor público. Luego, a partir de ahí, vendría la exigencia de responsabilidades políticas e incluso penales.

Se supone que alguien elaboraría, seguramente a buen precio, los imprescindibles informes sobre la viabilidad y rentabilidad del proyecto pero, a juzgar por lo ocurrido, o no se hicieron o se encargaron a unos indocumentados o el mandamás de turno se los pasó por el consabido arco del triunfo. En resumen, que nos gustaría saber la razón del esperpento y a cuánto ascienden los euros que hemos tenido que pagar a mayor gloria de no sabemos quién. Aunque lo sospechamos. Si todo ha sido un montaje periodístico que nos desmientan lo que haya que desmentir. O que nos aclaren lo que haya que aclarar.

NOTA.- En el artículo “Missing”, publicado el pasado día 6, se deslizó una errata al escribir oxímeron en lugar de oxímoron. Pedimos perdón.