Missing

Puesto que vamos a hablar de intelectuales muy cosmopolitas, o sea, de nuestros intelectuales de cejas circunflejas, se nos disculpará el título en inglés. En ellos predomina, muy por encima del estudio de las artes y las letras, su condición de exitosos artistas tanto en España como en ese ancho mundo con el inglés como lengua franca. El intelectual de hoy poco tiene que ver con los viejos maestros que consumían sus vidas entre libros más o menos polvorientos, preparando disertaciones e incluso escribiendo algo. Ese sería un modelo tan obsoleto como progresista es el de quienes ahora conforman nuestro mundo del espectáculo.

Las ventajas del nuevo prototipo son evidentes. Primero, porque estudiar, lo que se dice estudiar, no hay que estudiar mucho, o quizá no haya que estudiar nada. Puede que en algunos ámbitos como el teatral aún queden intelectuales de la vieja escuela, pero no sucede lo mismo entre los cantantes, bailarines, bailaores, galanes (y galanas) de cine, y virtuosos de guitarra eléctrica, por poner algunos ejemplos. Y segundo, porque el nuevo intelectual ibérico –sin ánimo de ofender- ya no necesita ninguna especialización en religión, moral, filosofía de la vida, epistemología (otra vez con perdón) o cualquier otra expresión del pensamiento humano. Los suyo es la polivalencia.

Es posible que todas las ciencias y todas las artes acaben coincidiendo en un punto lejano, al igual que las líneas paralelas lo harían en el infinito, pero hasta ahora los intelectuales habían acotado sus conocimientos. Las cosas han cambiado, sin embargo, para esta promoción tan bien representada por quienes, con singular gracejo, doblaban ayer mismo sus dedos índices sobre los ojos como cariñoso homenaje a las cejas un poco mefistofélicas de Rodríguez Zapatero.

Les encantaba pontificar sobre cualquier cuestión, ora en sesudos manifiestos, ora en ligeras entrevistas, pero hacía ya bastantes meses que se les echaba en falta. Era como si se hubieran cansado de practicar lo políticamente correcto o, dadas las nuevas circunstancias (también políticas), se hubiesen puesto de perfil. No sabemos quienes repartirán en el futuro las subvenciones y demás prebendas. Como dijo el filósofo, “primum vivere deinde filosofare”. Y ya advirtió otro intelectual que el hombre era él y su circunstancia. Perdone el lector que haya olvidado su nombre, aunque algo tenía que ver con el toreo.

Algo muy grave está pasando o puede pasar cuando el elocuente silencio de nuestros intelectuales circunflejos –perdón de nuevo por el oxímeron o los oximerones- no se rompía ni para apoyar a su ídolo en apuros ni para simpatizar con los “indignados” del 15-M. En tiempos de cambios conviene andarse con pies de plomo o aplicarse lo de nadar y guardar la ropa. Afortunadamente, algunos de los intelectuales españoles más atormentados por el síndrome de abstinencia acaban de firmar un nuevo manifiesto en el que, bajo el título “Una ilusión compartida”, reiteran sus convicciones izquierdistas y lamentan que el gobierno de Zapatero haya sido incapaz de oponerse a los mercados. Pero de aparecer en televisión jugando con las cejas, nada de nada.