Bildu, el cascabel y el gato

En realidad, Bildu y el gato son aquí la misma cosa. El minino se crece, como estaba previsto, y domina el paisaje vasco cual tigre bengalí por tierras más lejanas y exóticas. Es posible que la bendición del Tribunal Constitucional se explique por el celo garantista de la mayoría de sus miembros o por haber interpretado las pruebas a favor del reo, como sucede en el Derecho penal. En todo caso, somos muchos los juristas que, incluso dentro del propio Tribunal Constitucional, creemos que invadió una vez más el ámbito de legalidad ordinaria reservado con carácter exclusivo y excluyente al Tribunal Supremo. Pero de nada sirve mirar hacia atrás. Bildu ha entrado en las instituciones –quizá pronto, también, en las Cortes Generales- y lo que ahora procede es prevenir su actuación como nuevo brazo político de ETA.

La Ley de Partidos Políticos y la Ley Electoral fueron modificadas precisamente para regular la ilegalización sobrevenida, pero la valoración de nuevos indicios sobre el verdadero carácter proetarra –o simplemente etarra- de dicha formación no excluye la aplicación del Código Penal a cuantas personas delincan. Pues bien, desde que se reformó el artículo 578 del Código Penal por la Ley Orgánica 7/2000, de 22 de diciembre, no sólo se castiga el enaltecimiento público de los delitos de terrorismo sino, asimismo, el de “quienes hayan participado en su ejecución, o la realización de actos que entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas de los delitos terroristas o de sus familiares”.

No se entiende entonces –o se entiende demasiado bien- por qué no se persigue de forma automática y de inmediato, como corresponde a un delito flagrante, la glorificación de asesinos múltiples exhibiendo sus rostros en las vías públicas o en los ayuntamientos. Habrá que ver hasta qué punto son válidas en todos los casos las razones de oportunidad alegadas para justificar una actividad tipificada en el artículo 408 del Código Penal: la omisión del deber de perseguir el delito.

También debemos preguntarnos si la mayor injuria a las víctimas del terrorismo no será su equiparación con los verdugos. No habría asesinos y asesinados sino caídos de uno y otro bando en una guerra civil. A esa monstruosidad hemos llegado, pero no hay reacción oficial ni se la espera. Todo quedará en los habituales discursos, declaraciones y editoriales políticamente correctos. Más o menos como sucede con la retirada de la bandera española o del retrato de Su Majestad en los ayuntamientos o diputaciones del País Vasco. La paciencia oficial se parece cada vez más a la impotencia. Véase, ya en clave menor, cómo los “indignados” de la Puerta del Sol ganaron su pulso al Estado de Derecho.

Al cierre de estas líneas nos llega la noticia de que San Sebastián, en manos de Bildu, al igual que gran parte de Guipúzcoa (o Gipuzkoa desde hace unos días), ha sido elegida capital europea de la cultura para 2016. Donostia es quizá la ciudad más bella de España y, en todo caso, nos alegramos de que la distinción haya recaído sobre una ciudad española, pero de la belleza a la cultura hay un largo trecho. Córdoba, por ejemplo, presenta en términos estrictamente culturales un palmarés muy superior al de su afortunada rival.

Lo malo es, sin embargo, que el jurado, reconociendo esa realidad, ha añadido como mérito de San Sebastián la presumible contribución de este galardón al cese de la violencia en el País Vasco. Comparto por ello la airada réplica del regidor zaragozano, Juan Alberto Belloch, ante una valoración política que, amén de no estar en el guión, constituye una intromisión en nuestros asuntos internos. Prescindiendo de un futuro siempre incierto, esa consideración política supone de hecho un voto de confianza a Bildu, una formación que, además de no sentirse española, escenifica día a día su proximidad al terrorismo etarra.

Con todo, lo más inexplicable, es que siendo seis los miembros del jurado elegidos directa o indirectamente por nuestro Gobierno, de un total de trece, no se haya conseguido siquiera impedir la instrumentalización política del nombramiento. Y lo peor es que hasta cabe pensar que la idea no ha sido, ni mucho menos, foránea. Recuérdense la procedencia de nuestra ministra de Cultura y el silencio absoluto que la mayoría de nuestros cineastas ha guardado siempre sobre los crímenes etarras, especialmente clamoroso durante los festivales de cine en la Bella Easo, como si esa violencia no les afectara a ellos, más preocupados por los ingeniosos juegos con las cejas.

4 comentarios
  1. Alacontra says:

    El mejor economista del país y los de Podemos encargando sus propuestas a personas, muy respetables, pero sin el bagaje intelectual sobre las nefastas consecuencias del euro de Martín Seco. Una pena.

    • Lucyinthe Sky says:

      Seguro que a Podemos ya se le ha ocurrido ya contactar con el Sr. Martín Seco!

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