La inhumana condena de un asesino español en Alemania

Un español se trasladó a Berlín para matar al amigo de su mujer. Ya en la capital alemana, compró un cuchillo y a continuación cumplió su propósito. Le han condenado a prisión perpetua (revisable, naturalmente). La noticia ha pasado bastante desapercibida en nuestros medios de comunicación. Quizá porque desde la perspectiva del progresismo hispánico no sea políticamente correcta, y quizá también porque coloca en una difícil situación a la España oficial, empezando por nuestros legisladores y siguiendo por el Gobierno.

No están los tiempos para presumir mucho allende los Pirineos, como se decía antes. Eso de ser los primeros del mundo mundial no pasó de ser un malogrado sueño ricamente adornado con una sarta de estupideces como el acontecimiento planetario de los encuentros entre Obama y Rodríguez Zapatero, o el descubrimiento de que el feto humano no es un ser humano, personalísimo mérito de la ex ministra Bibiana Aído, o el anuncio, al más alto nivel, de que pronto jugaríamos en la liga de campeones de la economía universal.

Pero vayamos al derecho penal. La prisión perpetua, por muy posible que sea su revisión, siempre será una pena inhumana, indigna y, consecuentemente, inadmisible en un país avanzado como España. Toda una lección para Francia, Reino Unido, Italia, Austria y el resto de países de una Europa retrógrada. Pues bien, dado que uno de esos países primitivos es Alemania, y que la víctima de su sistema represivo es en este caso un ciudadano español, ha llegado el momento de hacer algo para corregir la gravísima injusticia cometida con nuestro compatriota.

No basta solicitar un indulto o procurar que el condenado cumpla la pena en España, con la esperanza de que la perpetuidad se pierda por el camino. Estamos ante una cuestión de principios donde nuestro prestigio como democracia modélica y punta de lanza de los derechos penal y penitenciario –además de en economía, finanzas, educación, creación de puestos de trabajo, lucha contra el narcotráfico, estricto respeto a la legalidad vigente y otras muchas materias- no sólo debe aprovechar a una persona maltratada por los tribunales alemanes, sino que ha de servir también para que los juristas centroeuropeos –una vez aleccionados convenientemente- sigan nuestro ejemplo. Hasta ahora había sido al revés.