La mentira metódica

La cuestión económica, que encabeza el listado de las preocupaciones españolas en todas las encuestas, ha seguido siendo objeto de la mentira metódica que nuestro Gobierno inició negando en su día que la crisis internacional pudiera llegar a España, bien entendido además que, si llegase, poco habría de notarse en el país mejor preparado de Europa para derrotarla fácilmente.

Del eufemístico crecimiento decreciente se pasó sin solución de continuidad a los brotes verdes y a las optimistas previsiones sobre la reducción del paro. La verdad era, sin embargo, que a las causas de la crisis internacional se habían sumado otras exclusivamente nuestras. Nos hemos convertido en uno de esos países “pigs” –o sea, cerdos en inglés- donde disfrutamos de compañías tan poco recomendables, en esta materia, como las de Portugal, Irlanda y Grecia.

Luego, para maquillar la imagen, nos inventamos un enemigo –exterior naturalmente- al que llamamos “los mercados” y cuyo objetivo fundamental sería perjudicarnos aun a costa de sus propios intereses. Como si la obligación de los inversores no fuera pura y simplemente obtener el mayor rédito de su dinero. Habríamos vuelto a las conjuras judeomasónicas de los tiempos de Franco. Lástima que, pese a que todo nos iba tan bien, tuviéramos que aceptar de la noche a la mañana el cambio de rumbo cortésmente insinuado desde la Unión Europea y Washington. O impuesto, si se nos permite hablar sin rodeos.

Tampoco habría recortes en el estado del bienestar, según nos aseguraron por activa y por pasiva, pero al final los hubo. Quienes veíamos los toros desde la barrera hemos acabado como Don Tancredo. Nos manteníamos inmóviles en el centro del ruedo hasta que el morlaco nos empitonó y otros tuvieron que venir deprisa y corriendo a decirnos lo que teníamos que hacer. Mientras tanto, a la millonaria pérdida de puestos de trabajo se habían sumado el cierre masivo de pequeñas empresas, la bajada constante de la bolsa y la tragedia de los inmuebles hipotecados por encima de su valor real. El lector añadirá, a discreción, otras desgracias de similar calado.

Y ahora nos enteramos de que era igualmente mentira lo de que por fin habíamos hecho todo lo necesario para salir de la crisis. El presidente del Gobierno ha declarado hace sólo unos días que necesitaremos al menos cuatro años para superar la crisis. Quizás en esta ocasión acierte, pero los adictos a la mentira metódica nos han engañado tantas veces que su credibilidad, dentro y fuera de España, se encuentra en números rojos. Como es sabido, a quien dice una mentira le espera una tarea difícil porque estará obligado a decir muchas más para tapar la primera.