Los “okupas” y la “kale borroka”

Los “okupas” de verdad poco tienen que ver con los desgraciados que se refugian, solos o con sus familias, en un piso abandonado o ruinoso, y frecuentemente las dos cosas a la vez, porque no encuentran otro lugar para hacerlo. Aquí se trata de esos “okupas” ácratas o ultraizquierdistas que aprovechan cualquier ocasión para sembrar el caos en las vías públicas. “Chaoten”, de caos, les llaman en Alemania.

Estos “okupas”, generalmente jóvenes, no estarían en peores condiciones que otros ciudadanos para ganarse la vida trabajando con el sudor de su frente, pero han preferido consagrarse a la lucha contra las injusticias sociales que padece una ciudadanía manipulada por los lacayos de Wall Street. Aunque desprecian los bienes materiales, saben que nunca les faltará el dinero preciso para sobrevivir, predicar la buena nueva y, de paso, transformar el inmueble ocupado en un centro cultural. A veces, hasta se proclaman fundadores de una Universidad Popular que, bien aireada por determinados medios de comunicación, contaría con el apoyo agradecido de los vecinos del barrio.

Son los mismos “okupas” que, como es costumbre, se apoderaron días atrás de unas cuantas calles de Barcelona, destrozaron cuanto encontraron a su paso, prendieron fuego a los vehículos aparcados, saquearon comercios y se enfrentaron valientemente a los “mossos d´Esquadra”. Todo ello, a rebufo de la huelga general convocada por los sindicatos mayoritarios. Después, el consejero de Interior de la Generalidad –escribo en castellano- echaba la culpa a la inactividad de un juez que se habría negado a desalojar el cuartel general de tan buena gente porque no constaba que el propietario se opusiese a la ocupación.

Así, tirando balones fuera, no vamos a ninguna parte. Al contrario, el fenómeno se consolida como enfermedad crónica. Hoy sirve también de plataforma a un terrorismo callejero muy similar a la “kale borroka” del País Vasco. Recuperada la normalidad, sólo queda esperar a la próxima representación. A diferencia de lo que ocurre con la otra “kale borroka”, en Cataluña las madrigueras son inviolables. No importa que la ocupación misma ya sea un delito. Barcelona va camino de convertirse en la capital europea de grupos antisistema muy vinculados a una ocupación de edificios que, llegado el momento, se usarán como segura retaguardia en la lucha contra las fuerzas de orden público, siempre proclives, como es sabido, a los excesos represivos. Ya hubo que suspender prudentemente algún congreso internacional. Prima la tolerancia con los intocables.

Quizás la solución consista en desviar a estas gentes hacia el litoral. Si se puede “okupar” impunemente una casa vacía en Barcelona, lo mismo podrá hacerse en cualquier otro lugar. Todas nuestras ciudades y zonas costeras cuentan con numerosos inmuebles a disposición de los “okupas”. También hay muy atractivos pisos-piloto en lujosas urbanizaciones, algunas incluso con campo de golf. Siendo usted insolvente, nada ha de temer. Y si el desahucio llegara algún día, múdese sin prisas. Ni cárcel, ni multa, ni antecedentes penales, ni pago de alquiler. ¿Hay quién dé más? Pues sí, puede usted denunciar al casero o a la inmobiliaria por coacciones si le cortasen el agua, la luz, la calefacción central o el aire acondicionado.

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