Los deberes, a su tiempo

No es lo mismo empezar a tomar medidas contra la crisis económica a su debido tiempo, con reflexión y cordura, que hacerlo de la noche a la mañana, deprisa y corriendo, porque no nos queda otro remedio. Lo nuestro ha sido negar la evidencia y seguir como si nada ocurriera, gastando y confiando en que nunca faltaría el dinero necesario para subvencionar a los parados hasta que volvieran las vacas gordas. Sin la intervención foránea desde Berlín, París, Bruselas, Frankfurt y Washington hubiéramos mantenido la política socio-económica que nos llevaba al abismo. Molesta que sean otros quienes nos señalen el buen pero, según reza el dicho castellano, de bien nacidos es ser agradecidos.

Llevábamos mucho tiempo, oficialmente, en el país de las maravillas. La crisis había llegado contra todo pronóstico, pero de ella saldríamos regalando bombillas de bajo consumo, arreglando aceras y endeudándonos un poco. Total, nada de particular. No importaba que fuéramos campeones mundiales en número de parados y que nuestros ahorros se hubieran reducido a la mitad.

No había alternativa, aunque el precio pagado por el retraso haya sido muy alto. Nuestro número de parados duplica la media de la Unión Europea. Y ha sufrido la credibilidad de unos dirigentes que pasan del blanco al negro, o al revés, sin perder la sonrisa y sin el menor reconocimiento de culpa por el tiempo empleado en tocar el violón. Una credibilidad de la que depende en buena parte la confianza de los mercados internacionales, empezando por la Bolsa y terminando por la colocación de nuestra Deuda Pública. La pescadilla que se muerde la cola. Más déficit, mayor endeudamiento e intereses en ascenso.

A otros países, que en lugar de negar la crisis se la tomaron en serio, les ha ido mejor. El semanario “Der Spiegel” publica unos datos sobre la creación de empleo en Alemania. Escribe el rotativo que la cifra de parados ha disminuido en algo más de un cuarto de millón durante el último año. Ahora, con 3.100.000 parados en busca de empleo, se estaría en un porcentaje del 7,5%, muy próximo al de antes de la crisis.

La buena noticia de los 80.000 españoles que se incorporaron a nuestro mercado de trabajo en el mes de junio revela también que nos iría bastante mejor si no hubiéramos tardado tanto en caer de un caballo que no galopaba hacia Damasco, como el del Saulo, sino hacia la bancarrota total.

Por cierto, y hablando de caminos equivocados y rectificaciones tardías, ¿cuánto más habríamos avanzado en la lucha contra ETA sin el paréntesis de la tregua trampa?