“El Rafita”

“El Rafita” ha dejado a la justicia española con las vergüenzas al aire. No hay pretextos, discursos progresistas, buenismo oficial o paños calientes que puedan taparlas. Ahí están los hechos: un muchacho que ya había cometido varios delitos, sin que las autoridades reaccionaran debidamente, asesina con varios compinches, cuando ya había cumplido los 14 años, a una joven, Sandra Palo, previa violación múltiple. Solo “El Rafita” la violó hasta tres veces. El violador y asesino permaneció cuatro años en un establecimiento de régimen cerrado y luego aprovechó los tres años de libertad vigilada -¿o sería mejor decir que los disfrutó?- para continuar haciendo su santa voluntad, o sea, seguir delinquiendo. Eso sí, hasta ahora sin asesinar ni violar a nadie.

A partir del relato se comprende la indignación no sólo de los padres de la víctima, sino también de la opinión pública en general, por las deficiencias de nuestra legislación en un caso que, por desgracia, tampoco es excepcional. El fracaso de la Ley de Responsabilidad Penal del Menor, se deba únicamente a sus propias deficiencias o se complete por su incorrecta aplicación, clama al cielo. Las víctimas y sus familias, cuando aquéllas lo son de un homicidio o asesinato, renuncian a la venganza privada porque confían en el Estado de Derecho. Algo de esto hay ya en el “Contrato Social” de Rousseau. Pero los padres de Sandra Palo no han obtenido una satisfacción mínimamente aceptable. Tampoco la sociedad española.

El joven asesino que, pese a su edad, sabía perfectamente lo que hacía, ni recibió un castigo acorde con su culpabilidad en aquellos horribles crímenes ni se ha corregido ni, al parecer, se hizo siquiera lo preciso para intentarlo seriamente. El descontrol durante su libertad teóricamente vigilada ha sido absoluto. Se ha movido por toda España a su libre voluntad y según lo demandaban sus nuevas fechorías. Mientras tanto hemos visto cómo las diversas administraciones públicas se echaban unas a otras la responsabilidad por lo que estaba ocurriendo. “El Rafita” era detenido “in fraganti” una y otra vez para ser puesto de inmediato en libertad porque su hoja de antecedentes penales continuaba, pese a todo, impoluta.

Con el argumento de que no se debe legislar en caliente, los años transcurren sin que se ponga remedio a tan lamentable estado de cosas. No importa que los primeros escándalos se remonten a muchos años atrás, lo que habría permitido afrontar las reformas en frío. La repetición de aquéllos ha servido más bien para adoptar una postura de aquietamiento frente a lo que sólo serían males colaterales de una buena causa: el intento de resocialización del joven por encima de todo. Una resocialización que en casos como éste brilla por su ausencia. Lo cómodo no es reconocer el error y enmendarlo, sino dar tiempo al tiempo. Un día los padres de Sandra Palo acabarán callándose, aunque solo sea por cansancio. Aquí paz y después gloria.

1 comentario
  1. librejav says:

    Sr Peñafiel.... muy poco valiente es usted !

    Esta harto de

    De Artuur Mas y del soberanismo catalán.

    De la familia Pujol, uno a uno…

    Y en cambio nada dice de Gurtel y mato, de Punicas y granados o de los Barcenas ! Y eso lo delata. Espe y sus amigos de Gurtel, Punica o Barcenas que no hayan sido detenidos todavia pueden invitarle a una tertulia de pago o bien contratarle una colaboracion. Se nota que ya no rasca nada de la familia real.

    Las fobias, como las filias, delatan ! Y usted se acaba de retratar. Vendido.

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