El centenario de Peñafiel y la sonrisa de don Giocondo

EFEJaime Peñafiel

Jaime Peñafiel ha cumplido 100 años y está como una rosa y un pincel. Él dice que solo ha cumplido 90 porque el muy coqueto se quita años, pero no pierde comba en la profesión y está en primera línea de combate después de un siglo de supervivencia personal y profesional.

Y ello gracias a las pócimas mágicas de Carmen (un día descubriremos que ella escribe sus libros) que lo mantienen en plena forma, lo que a buen seguro le encanta a la Reina Letizia, admiradora de Jaime desde el día en que el periodista le dijo que tenía ‘los ojos tristes’.

Hay nubarrones en el cielo La Zarzuela, ¡buen Palacio! por donde vuelan los Pegasus que salen de las caballerizas reales de Mohamed VI. Y no solo por el espionaje marroquí del teléfono del presidente español del Gobierno que a buen seguro sirvió de argumento de chantaje para que Sánchez le regalara a Mohamed VI el Sáhara y traicionara a los ‘pobrecitos polisarios’ de los que nos hablaba la añorada Natalia.

La política española, que mira a Andalucía, está encendida y en llamas por los cuatro costados. Y acaba de abrir un nuevo frente en Argelia por culpa de la rendición de Sánchez ante Mohamed VI, el que entretenido está con sus caballitos Pegasus -con los que Sánchez espiaba a Pere Aragonés- y con juegos más prosaicos con su corte amorosa de los boxeadores Azaitar, que son los que mandan en el lujoso palacio alauita de Rabat.

En España las cosas de Palacio van despacio pero no a mejor y estamos a la espera de que un misterioso autor, amigo de Jaime Peñafiel, concluya el  libreto teatral y Shakespeariano sobre el ascenso a los cielos y la caída a los infiernos del Rey Juan Carlos I, bajo el título de el ‘Rey jilguero’.

El Rey emérito que, después de tan solo cuatro miserables días de visita a España, tras dos años de forzado exilio, y de asueto en su querido y naval club de regatas de Sanxenxo, ha sido obligado a regresar a Abu Dhabi por su hijo el Rey Felipe VI que previamente le ha reñido ‘por hacer ruido’ (sic) en su visita a España. Y que le ha obligado a regresar a su jaula de oro en Abu Dhabi ante la que han colocado un cartel que dice: ‘prohibido cantar’.

Y ¿qué pasa con esta pena ilegal del extrañamiento y de violación de los Derechos Fundamentales del ciudadano español Juan Carlos de Borbón? Pues nada hasta que se hagan públicos los archivos y las grabaciones del teléfono de Pedro Sánchez, que pinchó Mohamed, en las que podría haber alguna conversación ente el Presidente Sánchez y el Rey Felipe VI sobre el preso de Abu Dhabi y entonces ya veremos que pasa con la monarquía en España.

A Sánchez periodistas de canutazo le preguntan sobre Argelia y Marruecos y el presidente calla y esboza, como un don Giocondo, una sonrisa misteriosa como diciendo, ‘vais listos, majos, a vosotros os lo voy a decir’. Claro, si no informa al Gobierno, PSOE y al Parlamento sobre lo que está pasando con el Sáhara en Marruecos y con Argelia ¿cómo les va a decir don Giocondo Sánchez a la prensa nada sobre todo esto y sobre lo que está por salir?

Entre las muchas exclusivas periodísticas de Jaime Peñafiel hay una de la mayor importancia que ha pasado desapercibida: el haber descubierto la presencia en España y junto al entonces Rey Juan Carlos I de la famosa Princesa Corinna. Al publicar Jaime, en el diario El Mundo y años atrás, un misterioso mensaje, de su serie ‘chitss’, en el que subrayaba el título de la canción de Chavela Vargas: ‘Ponme la mano aquí, ma Corina’.

Nadie o casi nadie entendió entonces el mensaje y la advertencia pero fue, precisamente ahí, donde comenzó el principio y luego el fin de una relación amorosa en un reinado que tuvo un arranque glorioso y que muy mal, si es que nadie lo enmienda, va a concluir?

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