Previsiones económicas

La OCDE rebaja el crecimiento de España en 2023 en siete décimas, hasta el 1,5%, y prevé que Alemania entrará en recesión

La organización prevé que la inflación cerrará este año con un 9,1% y el que viene bajará hasta el 5%

María Jesús Montero y Nadia Calviño, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros

EFEMaría Jesús Montero y Nadia Calviño, en una rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros

La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) es más pesimista que el Gobierno español, incluso después de la revisión a la baja de la semana pasada, sobre el crecimiento económico en 2023 y solo espera ahora una progresión del producto interior bruto (PIB) del 1,5 %. Además, el organismo espera una recesión del 0,7 % (2,7 puntos menos) en Alemania, el motor de Europa, incluso si no se cumple el escenario más negro.

En su informe intermedio de Perspectivas Económicas publicado este lunes, la OCDE corrige así a la baja para España en siete décimas sus propias proyecciones que había hecho en junio para tener en cuenta un escenario global, y sobre todo europeo, más pesimista.

Ese 1,5 %, que estará netamente por encima del discreto aumento del 0,3 % que se augura para el conjunto de la zona euro (sobre todo por la recesión de Alemania) y del estancamiento de la economía británica, queda por debajo del "en torno al 2 %" que dice esperar ahora el Gobierno, tras haber abandonado el 2,7 % de su último cuadro macroeconómico.

La organización, sin embargo, se muestra para 2022 más optimista que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, que el pasado jueves redujo también sus expectativas a un crecimiento del 4 % (en lugar del 4,3 % de ese cuadro macroeconómico) y lo deja en el 4,4 %.

Es decir, tres décimas mejor de lo que la OCDE había previsto en su anterior informe de Perspectivas Económicas en junio.

El costo de la energía pesa mucho en España

España es uno de los grandes países desarrollados en los que los costos energéticos más se han incrementado en términos relativos con la crisis actual.

Si en el periodo 2019-2021 esos costos ya eran particularmente elevados en España (5 % del PIB, frente a menos del 4 % en Alemania, Francia, Reino Unido o Estados Unidos), en 2022 se han disparado y van a representar cerca del 11 % del PIB.

Una cifra, es verdad, inferior a la de Italia (por encima del 13 %) y a la de Japón (algo por debajo del 12 %), pero superior a la de Francia y Alemania (ambas ligeramente inferiores al 10 %), Reino Unido (8 %) y, sobre todo, Estados Unidos (6 %).

Eso se debe a la gran dependencia que tiene la economía española de la energía, mayor que casi todos los otros países desarrollados, agravada ahora por la escalada de la cotización del petróleo y del gas, y que está afectando por eso más al conjunto de los precios, como queda visible al analizar la inflación.

Excluyendo el caso particular de Turquía, donde la inflación está desbocada (71 % de subida previsto en 2022), España será este año con un 9,1 % el país con la tasa más alta de los que forman parte a la vez de la OCDE y del G20, por encima del Reino Unido (8,8 %), de Alemania (8,4 %) o de Italia (7,8 %), pero sobre todo de Estados Unidos (6,2 %), Francia (5,9 %) o Japón (2,2 %).

La inflación se moderará solo parcialmente en 2023

La situación debería moderarse algo el año próximo, pero sin volver ni de lejos a la situación precrisis. La inflación prevista en España será del 5 %, inferior entonces sí a la del conjunto de la zona euro (7,5 % en Alemania, 5,8 % en Francia, 4,7 % en Italia) que, como el Reino Unido, (5,9 %) va a seguir embarrada por el problema del aprovisionamiento energético.

La OCDE insiste en que si bien hacen falta ayudas públicas para amortiguar el impacto de la carestía de la energía para las familias y las empresas, eso se debe hacer con carácter "temporal y concentrado en los más vulnerables" y no, por tanto, con subvenciones generalizadas.

Además, preconiza retirar esas ayudas conforme baje la presión de los precios de la energía y mantener los incentivos para reducir el consumo de energía.

En definitiva, los esfuerzos a corto plazo para hacer abordable la energía tiene que acompañarse de "medidas políticas más fuertes para incitar a la inversión en tecnologías limpias y eficiencia energética".