Tras el respaldo de la Eurocámara

La etiqueta ‘verde’ al gas y la energía nuclear, una ‘bofetada’ a la política energética española

La nueva clasificación perjudicará a España tras apostar en los últimos años por las renovables y fijar en el calendario el apagón nuclear para 2035

Central nuclear de Cofrentes

EUROPA PRESSCentral nuclear de Cofrentes

La Comisión Europea (CE) logró sortear, tras aprobarlo este miércoles el pleno del Parlamento Europeo, el principal obstáculo a su propuesta para incluir el gas y la energía nuclear en la clasificación del reglamento de taxonomía que establece qué inversiones pueden considerarse como sostenibles, es decir ‘verdes’. Una decisión, que aunque no es definitiva es casi improbable que se revierta, supone un ‘torpedo’ contra la política energética del Gobierno español.

Finalmente se ha impuesto la postura que interesaba a países como Francia, Alemania, los países nórdicos y muchas de las capitales del este de la UE, además de a la propia industria, a lo que ha contribuido el chantaje energético de los últimos meses de Vladimir Putin tras invadir Ucrania. En contra se habían mostrado no solo España, sino además Dinamarca, Austria o Luxemburgo. Estos dos últimos países, junto a Greenpeace, han anunciado que llevarán el expediente ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE).

La Eurocámara ha rectificado así la posición en contra adoptada en comisión parlamentaria y tumba con 328 votos en contra, 278 votos a favor y 33 abstenciones el informe que planteaba una objeción que impedía al Ejecutivo comunitario aplicar la taxonomía y requería de una mayoría absoluta de la Cámara para salir adelante.

La mayoría de los eurodiputados populares y liberales, además de los de extrema derecha se mostraron a favor de mantener las centrales atómicas y de generación con gas como sostenibles. Así por solo 50 votos salió adelante la inclusión de ambas energías en el grupo de tecnologías de transición, es decir, aquellas que no pueden ser reemplazadas todavía por otras tecnologías bajas en emisiones y más sostenibles, y que surtirá efecto a partir del 1 de enero de 2023.

Pese a que las dos energías sí serán incluidas en la taxonomía verde, su inversión tendrá una fecha límite. En concreto la Comisión Europea establece el 2030 como fecha máxima para invertir en el gas y de 2040 para la nuclear.

El Consejo de la UE aún puede rechazar la propuesta de la CE, pero para ello necesitaría el voto contrario de 20 de los 27 países del bloque, lo que parece bastante improbable.

¿Por qué perjudica a España?

Como explicó el pasado 5 de febrero Juantxo López de Uralde a Republica.com, la taxonomía en realidad se refiere a aquellas energías que son susceptibles de recibir financiación de los fondos europeos. "Que el gas y la nuclear estén en ese listado abre la puerta precisamente a las inversiones europeas para esas tecnologías. Por lo tanto lo que se está decidiendo tiene que ver con la posibilidad de que la nuclear y el gas puedan recibir esos fondos europeos", señaló el diputado de Unidas Podemos en el Congreso y Coordinador de Alianza Verde.

No es casualidad que la propuesta de la Comisión Europea venga apoyada por Francia y Alemania. El primero de ellos es el segundo país del mundo con mayor número de reactores nucleares, solo por detrás de Estados Unidos. En el país galo están en funcionamiento 56 instalaciones nucleares y el Gobierno pretende la construcción de nuevos pequeños reactores modulares. Mientras que Alemania es el mayor consumidor de gas natural de Europa. Por lo que entre ambos países podrían acaparar el 70% de los fondos destinados a taxonomía considerada 'verde'.  

En cambio, España ha apostado en los últimos años por un fuerte despliegue de las energías renovales, como la solar y la eólica. Si los fondos se desvían ahora a otras fuentes de energía como la nuclear o el gas, se reduce la cantidad destinada a renovables y por tanto España saldrá perjudicada.

España, al contrario que otros países europeos, se encamina a un apagón nuclear en 2035, de tal forma que ni contempla alargar la vida útil de las centrales ni construir otras nuevas. Según el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC), se apagarán los siete reactores nucleares que tiene hoy por hoy en funcionamiento.  Así en esta década se clausurarán Almaraz I (2027) y Almaraz II (2028). En la siguiente década otros cinco: Ascó I (2030), Cofrentes (2030), Ascó II (2032), Vandellós II (2035) y Trillo (2035).

Según datos del Foro de la Industria Nuclear en España. anualmente estos siete reactores nucleares generan entre 55.000 y 60.000 gigavatios-hora, un 20,8% de la electricidad consumida por los españoles.

Pese a este 'volantazo' del Parlamento Europeo, el Ejecutivo español no piensa cambiar su política energética y se aferra a los compromisos que PSOE y Unidas Podemos adquirieron en sus respectivos programas electorales en las últimas generales. Los socialistas prometieron entonces mantener el calendario de cierre de “las centrales de carbón y nucleares” y “alcanzar en 2030 un porcentaje de electricidad producida con energías renovables del 74%, entre el 85% y el 95% en 2040, y del 100% en el 2050”. Unidas Podemos, por su parte, prometió poner fin a “las centrales de carbón antes del final de 2025 y de las centrales nucleares antes del final de 2024”.

Desde que se conoció el borrador de la CE, la vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, ha reiterado, cada vez que ha abordado este asunto, que "la energía nuclear y el gas no son energías verdes ni sostenibles”. Además, defiende que esta decisión supone "un paso atrás" que envía "una señal errónea" para los mercados financieros.

El Gobierno español recuerda además que el gas es un combustible fósil, su combustión produce emisiones de gases de efecto invernadero. La energía nuclear, por su parte, genera residuos radiactivos con riesgos a largo plazo. Ninguna de esas fuentes de energía es sostenible desde el punto de vista medioambiental: no deben equipararse a las tecnologías limpias, defiende Moncloa.

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